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Se abrió la veda pese al lavado de cara del primer acto. Un Real Madrid remendado salvó el momento crítico contra el Lyón, pero no su entrenador: Luxemburgo. El público estalló cuando, tras el empate francés, sacó a Beckham para dar entrada a Salgado. Discutido ya en muchas esferas, le salió su vena más conservadora en un duelo bajo control hasta la entrada de Wiltord y el gol de tacón de Carew (1-1).

Luxemburgo confeccionó otro equipo coyuntural, remendando posiciones por las ausencias y, en el caso de Baptista, tocado, por considerar más relevante su concurso completo frente a la Real. Castigó a Salgado, que pagó platos rotos por su sinceridad post-Barça, y entró Diogo, que ayudó a un Beckham tirado a la derecha, el puesto donde únicamente funciona. Al fin y al cabo, los blancos, ya clasificados como segundos, con parches o sin ellos no llegaban para heroicidades, para la goleada que le exigía el primer puesto ante el mejor equipo del grupo después de lo que les cayó contra el Barça.


Sergio Ramos volvió a su función de bombero en el doble pivote al lado del sargento Pablo García, con Guti de enlace del único punta Robinho. Al remiendo no le sobró altura pero sí tuvo mucha dignidad en el primer tramo con las líneas juntas. En algunas posiciones, como la mediapunta, se pisan los elementos, pero en otras hay que improvisar cuando no inventar la versatilidad y la polivalencia. Problemas de estructura casi crónicos en la entidad. No hay repuestos garantizados en posiciones clave como el lateral izquierdo y un organizador, pero el Madrid tiró de orgullo, jugó más unido y también ayudó que el Lyón no fue tan fiero como lo pintaban, un gatito en la primera parte.

El grupo francés, con el freno de mano echado en la primera mitad, depende de Juninho, crece exponencialmente cuando el brasileño amasa y surte a sus dos balas: Govou y Malouda, que no tuvieron una noche para recordar. Diarra y Tiago están más para lo grueso, la tareas de zapa. A Carew, delantero de percha y zancada gigante, no se le cura el mal de vista nublada en ocasiones y en otras mete goles que ni se lo cree. Su gol fue una frivolidad con premio, un detalle preciosista. El ‘bigardo’ es tan incómodo como un dolor de muelas para los centrales cuando juega de espaldas, también por potencia y por su movilidad dejándose caer a bandas.

El Real Madrid se encontró una función pacífica, alejada de la noche de los cuchillos largos que se avecinaba, y creció arriba alrededor de Guti en su versión muy aceptable. Zidane tuvo un punto más de entonación y Roberto Carlos y Diogo subiendo por las alas de vez en cuando. No es que los blancos fueran muy superiores, pero si hubo entereza y mucha más ambición que un Lyón que no demostró en el Bernabéu lo que si hizo en su casa, donde Juninho fue un mariscal. Especulativo y conservador en el primer tramo.

El alivio del gol de Guti, al aprovechar un par de rechaces en una intentona a balón parado, no fue un bálsamo para un club instalado en el pesimismo. Después llegó la descompresión. Los gestos de su técnico pidiendo tranquilidad delatan el estado de ansiedad de jugadores como Robinho. Al brasileño se le pide que sea Pelé ya, esperando la maravilla que intenta y no encuentra por el momento en un equipo que no arranca. El chico, solo arriba, se dio una paliza de órdago, corriendo detrás de todo y ofreciéndose. No se cansó de intentarlo más revolucionado de lo aconsejable otra vez.

El Lyón, ya menos conforme con un gol en contra, subió una velocidad más con la entrada de Wiltord, que dio otro aire a los franceses arriba. Más movilidad y menos miedo. Los blancos respondieron juntando las líneas. No se partió el equipo en dos y se vivió sin apenas sobresaltos hasta que a Carew le salió la frivolidad de la noche. Todo vino precedido de un despiste por la banda izquierda donde se instaló Wiltord. Al noruego le salió un remate de tacón entre las piernas de Helguera aprovechando un envio raso del espigado francés. El cuero salió mansamente hacia el palo derecho de Casillas, que tapado no pudo hacer más.

Luxemburgo ya puede contar las horas. El público dictó sentencia en su contra viendo que también el equipo no funcionó en el segundo tramo como en el primero. No dijo nada en su cambió de Baptista por Zidane, pero sí abroncó al entrenador con la salida de un defensa, el castigado Salgado, por Beckham, como queriendo conservar un empate para salvar su cabeza, su gran prioridad. El Bernabéu pide un poco de grandeza y su entrenador, que se temía lo peor, le salió la filosofía más conservadora. El crédito a ‘Mr Bambú’ le dura hasta Anoeta, nada más.

Ficha del partido

1 – REAL MADRID: Casillas; Diogo, Pavón, Helguera, Roberto Carlos; Pablo García, Sergio Ramos, Beckham (Salgado 78´), Guti; Zidane (Baptista 75´) y Robinho.

1 – OLYMPIQUE LYONNAIS: Coupet; Reveillere, Cris, Caçapa, Monsoreau (Fred 69´); Tiago, Diarra, Juninho (Clement 92´); Malouda, Govou (Wiltord 69´) y Carew.

Goles:
1-0, min. 40: Guti resuelve un barrullo dentro del área.
1-1 min. 71: Carew soprende a Casillas de tacón.

Árbitro: Mark Simon (Bélgica). Amonestó a Beckham (25´), Cris (39´), Reveillere (41´), Tiago (44´), Guti (44´), Juninho (61´) y Caçapa (64´).

Incidencias: Partido correspondiente a la quinta jornada del Grupo F de la Liga de Campeones disputado en el Estadio Santiago Bernabéu. Adrián Martín ha sido el descarte de Vanderlei Luxemburgo ante 67.302 espectadores, alcanzándose una recaudación de 1.076.000 euros. Adrián Martín fue el descarte de Vanderlei Luxemburgo.

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