Archivo de 'Champions League'

Werder Bremen 3 - Real Madrid 2

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Ante el mejor Bayern o el modesto Bremen, nada hay más seguro que el sufrimiento del Madrid en Alemania. Schuster, ese andaluz alemán, vio desde el banco la misma película de siempre, la de un equipo superado por un rival que salió adelante con fe, balones colgados y sudor a raudales (3-2).

No le quedaba otra a un Werder plagado de bajas y con escasas opciones de clasificación. Las iniciales oleadas de buen fútbol del Madrid apenas le hicieron daño. Rápidamente supo imponer el ritmo que le convenía. Convirtió la medular en un peliagudo campo de maniobras para Guti y Gago. Rebañaron todas las pelotas para salir a todo trapo hacia Casillas.

Así sucedió en el primer gol, donde aparecieron las primeras carencias de la defensa visitante. Una llegada por la derecha, un control con el brazo y un remate en semifallo. Suficiente ante las facilidades ofrecidas por Marcelo, Metzelder y Pepe. Unas constantes que se repitieron durante toda la noche. Ante la inferioridad en el centro, la defensa del Madrid pareció siempre al borde de un ataque de nervios.

Fracasaron estrepitosamente Gago y Diarra, el argentino como primer elemento en la distribución y el africano como principal fuerza de choque. No se hicieron valer en la disputa y su equipo se desinfló con ellos. Hubo sin embargo una pequeña tregua con el gol de Robinho, de nuevo intermitente y genial, que movió de su torre a Mertesacker y sacó un gol de la nada.

Entre todas las refriegas, la noche resultaba más que entretenida, con ocasiones de ida y vuelta que confirmaron la lentitud de Van Nistelrooy y la movilidad de los puntas alemanes. Pasada la media hora, tras dos buenas opciones desaprovechadas por Guti, el sueco Rosenberg dio otra lección de pundonor, con una carrera interminable por la derecha culminada por Sanogo ante las facilidades de Gago y Metzelder.

Ahí se le presentaron de golpe y por enésima ocasión todas las dificultades al Madrid, al que le faltó arrojo, juego y acierto puntual. Primero para domesticar con el balón el despliegue físico local, más intenso si cabe en el arranque del segundo tiempo. Y luego para definir alguna ocasión clarísima, como la de Van Nistelrooy, al que se le vio especialmente lento y desafinado.

La pifia del holandés preludió el gol de Hunt, que retrató la descolocación de Marcelo, la lentitud de los centrales y la mala salida de Casillas. En ese momento apareció la goleada en el horizonte. Cada falta lateral o cada contra, basada en dos o tres toques, ponía contra las cuerdas a Casillas.

Sin embargo, los alemanes, que por si quedaban dudas, no eran nada de otro mundo, empezaron a notar el cansancio y el desorden. En esas descontó Van Nistelrooy en una gran vaselina, que todo hay que decirlo.

Con 20 minutos por delante, el empate no parecía descabellado, a pesar de que Higuaín y Robben, ya en acción, no aportaron nada. Con los dos equipos en la reserva, buscando aire y navegando en el caos, el Madrid fue incapaz de crear una sola ocasión más. Ahora deberá exponerse al último esfuerzo ante el Lazio, tras desaprovechar dos buenas opciones a domicilio, en dos plazas alejadas de la aristocracia europea. Y en ninguna de ellas invitó al optimismo.

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Olympiakos 0 - Real Madrid 0

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No llegó el gol en Atenas, pero el Madrid, notable consuelo, dio un paso importante hacia el liderato del grupo, una obsesión en esta Champions (0-0). Pese a su buen fútbol de la segunda parte, se quedó seco ante Nikopolidis, se estrelló ante los postes y sumó su segundo partido consecutivo sin marcar.

Los griegos, con Djordjevic desaparecido y encomendados a las ganas de Galletti, emborronaron la imagen de hace dos semanas en Chamartín. A pesar de la fiebre en las gradas, se comportaron como un perfecto anfitrión ante Casillas, que por primera vez en mucho tiempo, nunca tuvo que emplearse a fondo.

Y es que el Madrid cerró su exigente ciclo de tres salidas con un empate de buen sabor en Grecia, de donde se marcha sin ganar tras siete visitas. Sin embargo, Liga aparte, ha logrado aclarar su panorama en Europa, porque en Atenas mereció ganar, por insistencia, recursos y ocasiones. Mejoró con el paso de la noche, de un gris tono inicial a un torrencial goteo de disparos que tuvo bien ocupado a Nikopolidis.

Las conclusiones deben ser provechosas para Schuster, cada vez más desesperado con los árbitros, especialmente las que provienen de Heinze y Sneijder, las dos novedades en el Georgios Karaiskakis. En estos días donde se insiste en que el peso del equipo cae en la gente de Capello, Heinze y Sneijder brillaron, lo que es noticia. Con aplomo el central argentino, de nuevo pareja del imprevisible Cannavaro y con buenas intenciones el holandés, que dio todo lo que tenía para hacer olvidar a Guti.

No siempre le hizo caso la pelota al holandés, pero es cierto que gran parte del fútbol pasó por sus botas. Dejó el primer regalo en los pies de Van Nistelrooy, que encontró el larguero tras una vaporosa vaselina. Alejado de nuevo de la banda, le costó arrancar tanto como a Gago, pero el equipo ganó en altura gracias a él.

Antes del monólogo, el Madrid vivió en la molicie, con lineas escalonadas en ataque y falta de entendimiento entre sus figuras. Llegó a las ocasiones sin fútbol, con la ya mencionada de Van Nistelrooy, un remate al palo de Diarra y otro de Sneijder. Minutos de mucho ruido y falta de criterio. Gago, con su habitual despliegue físico, esta vez pendiente de Djordjevic, no movió al equipo.

El Madrid era un lápiz sin afilar, pero al menos no sufría en su área, porque Lua Lua y Djordjevic, héroes en el Bernabéu, apenas incordiaron y Heinze se encargó del resto. A la hora de juego se conectó Sneijder y la lesión de Raúl Bravo abrió nuevas posibilidades a Robinho, que cambió de banda tras aburrirse en la izquierda.

Sólo la falta de puntería impidió redondear la faena, porque Nikopolidis sólo sacó un buen balón a Sneijder y una aparición a trompicones de Raúl. Ramos, solo tras un córner cabeceó fuera, Robinho no encontró a nadie en un pase atrás y un minuto más tarde cruzó demasiado cruzado. Apretaba la gente, quizá para ahuyentar el susto, pero las ansiadas contras no brotaban. Todos, Madrid incluido, reconocieron que no había otro remedio que el empate.

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Video: Real Madrid 4 - Olympiakos 2, o lo que es lo mismo, el show de Robinho.

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Real Madrid 4 - Olympiakos 2

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Un Robinho maldito y genial acaparó todo lo bueno y lo malo que se puede esperar de una estrella del Madrid en un Bernabéu que aulló sus pifias y coreó sus lujos. Este futbolista loco, diferente, que presume de sus filigranas y no esconde sus fallos, guió a un turbio Madrid ante el Olympiacos, que con 10 jugadores dio varias lecciones de contragolpes y puso contra las cuerdas a Casillas, autor de una parada inigualable en el descuento (4-2).

La victoria despeja el camino de los octavos al Madrid y supone un golpe de confianza para el ciclotímico Robinho, que compareció ante la gente tras sus aireadas juergas en Rio de Janeiro. Nadie se marchó del estadio indiferente ante lo ofrecido por el ‘10′, que aparte de los goles forzó un penalti, dio una asistencia y se las compuso para elaborar el tempranero 1-0.

Pese al enésimo acierto de Raúl, pendiente de remachar lo que se le presenta, pronto se atisbó que la noche ofrecería emociones fuertes. El primero en verlo fue Djordjevic, motor y capitán de los griegos, autor de un notabilísimo partido, que dejó sentado a Salgado y sirvió el empate en bandeja a Galletti, siempre certero cuando se trata de hacer daño al Madrid.

A los 10 minutos se contaban dos goles, prólogo de lo que se avecinaba, un tremendo intercambio de bofetadas con un valiente campeón griego, capaz de superar también la expulsión de Torosidis. Enfrió el plato de Schuster con orden y una ciega fe en sus planes, con el congoleño Lua Lua como única referencia en punta.

El Madrid creó ocasiones. Otra cosa es que jugara demasiado bien. No acertó, aunque mereció una ventaja parcial antes del descanso. Marcelo, un nuevo puntal por la izquierda, marcaba el camino. Guti y Sneijder olisqueaban el peligro, pero nadie fue capaz de poner el pase de gol o el remate que encontrara la red.

Por entonces, el Bernabéu pitaba ya a Salgado y por momentos al equipo. Con justicia al lateral, lento y con innumerables problemas ante Djordjevic. Sin embargo, la actuación global no merecía tanta impaciencia, porque Van Nistelrooy en un cabezazo fallido, y luego Marcelo y Robinho, estrellados ante Nikopolidis, pudieron haber dado la ventaja.

Y fue en cambio Julio César, otro ex madridista, quien convirtió la noche, nada más salir de la caseta, en un tremendo avispero. El despiste general de la defensa en una falta lateral azuzó la ira de todos. Acusó el castigo el equipo y se le vio a la deriva, atado a cualquier contingencia y a la mala uva de Galletti y Lua Lua, que pudieron sentenciar.

Nada se oyó durante un buen rato sino bronca y pateo. Los malos controles de Robinho, las patadas de Metzelder y Salgado y la oscuridad de Sneijder y Guti, hacían temer lo peor. Entonces, cuando ya no quedaban alarmas por encender, sacó de la nada Robinho su repertorio de jueguecitos.

Se acabó el desencanto tras el cabezazo del ‘10′, rotundo, necesario, al lugar adecuado, sin saltar. Todo tras una creación de Guti y un gran centro de Ramos. Poco después con un torbellino de ‘bicicletas’ y un penalti estropeado por la precipitación de Van Nistelrooy.

Empujaba el Madrid con todo pese al error, reconciliado con su afición, enganchado de nuevo a Guti, pero expuesto también a los espacios que dejaba atrás, patrimonio de Galletti y Djordjevic. Nadie tenía tiempo de respirar cuando el Madrid hizo quizá su mejor jugada, con Guti, Van Nistelrooy y la puntera de Robinho de protagonistas. Parecía la noche de este loco ‘bajito’, pero Casillas, con una manopla imposible, le quitó un puñado de gloria. La que diferenció la victoria del empate.

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Lazio 2 - Real Madrid 2

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El olfato goleador de Ruud Van Nistelrooy permitió al Real Madrid marcharse con un punto del Olímpico de Roma tras empatar 2-2 con la Lazio. En el minuto 8, ‘Van Gol’ marcó casi sin querer tras una falta lateral botada por Sneijder que acabó en las redes tras rebotar en la pierna de su compatriota. Pese a adelantarse, los blancos no encontraron en ningún momento la receta del buen juego y los italianos empezaron a crear problemas.

En el 29, Pandev falló delante de Casillas, pero dos minutos después acertó con un buen remate aprovechando un despiste de la zaga. La segunda parte no varió en exceso y sólo una pillería de Raúl permitió al Madrid ponerse de nuevo en ventaja. El capitán robó la cartera a la Lazio en el centro del campo y se la metió en profundidad para que Van Nistelrooy levantase el balón con clase por encima del veterano Ballotta. Con el partido aparentemente bajo control, Cannavaro pasó un balón comprometido a un Guti relajado y Makinwa aprovechó el despiste para ceder a Pandev, que volvió a batir a Casillas para poner las tablas definitivas en la ciudad eterna.

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Así queda la clasificación tras la disputa de dos jornadas de la fase previa. El Real Madrid podría hoy haber dado un golpe de autoridad ganando en Roma la Lazio pero no ha podido ser…

MARCA y El Mundo

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Real Madrid 2 - Werden Bremen 1

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Hizo falta esperar un cuarto de hora para disfrutar, si no de un gran fútbol, sí de una ópera prima de ‘Champions’ más que digna. Y más de 90 minutos de interés certificar la primera victoria del Madrid en la competición de sus amores. El Werder Bremen no fue un invitado insulso. Hizo trabajar a los de Schuster y metió miedo con un espléndido jugador: Diego.

En la noche del estreno actuaron los más gloriosos goleadores europeos: Raúl González, que marcó de cabeza en el minuto 16, y Ruud Van Nistelrooy, que resolvió la cuestión en el 74. Dúo mortal.

El pésimo arranque del Bremen en su Bundesliga no se comprendió en el Bernabéu. Bien plantado, ganó balón y terreno en varias fases del partido y se topó en tres ocasiones con un excepcional Casillas. Su gol llegó inmediatamente después del de Raúl, por obra de un marfileño, Sanogo, hábil entre los centrales.

El Madrid inició su actuación cohibido, encogido. Casi paralizado. Sin la participación de Guti en la dirección y con serias lagunas de concentración en la zona de contención. Jugaba con una especie de ‘trivote’, con Higuaín en la punta, centrado.

La banda derecha se quedó por tanto entera para un Sergio Ramos que no tenía demasiadas oportunidades de transitarla a sus anchas. Debía cuidarse de los despliegues poderosos de Tosic.

A Fernando Gago, titular, le costó tomarle el pulso al partido y ganar a Baumann y, sobre todo, un Diego participativo en la creación pero activo también en el trabajo solidario. El argentino, sin embargo, con buena colocación siempre, terminó haciéndose con el sitio que recuperó en el Madrid por la ausencia del sancionado Diarra.

Los dos goles encadenados desataron la furia del ataque, de la casta y la clase. Se olvidaron todas las prevenciones y los dos equipos se lanzaron a la yugular del contrario con la guardia baja y las garras afiladas.

La pelea se interrumpió con el descanso, que llegó en el mejor momento del Madrid, aunque no los rentabilizara con goles.

Si en el primer tanto del partido fue Van Nistelrooy quien asistió a Raúl, en el último, el pase fue del madrileño, quien había recogido en la frontal del área alemana un gran pase vertical de Guti.

Pero hasta unos pocos minutos antes del 54º gol de ‘Van’ en la Liga de Campeones, el Bernabéu atravesó un sinvivir. Cuando Diego tocaba en el centro, protegía la pelota y encontraba el pase antes o después quedaba lanzada la amenaza a Casillas. Como casi siempre, el portero estuvo en su sitio en los momentos cruciales.

Del arreón final del Madrid, a velocidad punta, llegaron sus mejores ocasiones para sentenciar y el gol definitivo que daba paso al debut de Drenthe en la Champions con su nuevo equipo y el de Robben con la camiseta blanca.

Con el Bremen ya urgido por las prisas y con la referencia de su delantero más habitual, Almeida, en punta, Robben fabricó dos jugadas que pudieron dejar un recuerdo aún más imborrable de su estreno madridista, ante una afición excitada y al borde del éxtasis con su sola presencia.

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Del vértigo al suspense para palmar como de costumbre. El Madrid vivió otro funeral en Múnich (2-1), esta vez con la impronta de un gol relámpago en contra y un penalti que mantuvo el suspense hasta el último segundo. El plan ultradefensivo de Capello saltó por los aires en el primer minuto con un Bayern que fabricó más ocasiones que fútbol. Los blancos nadaron hasta morir en la orilla con el gol anulado a Ramos. Capello no tiene más créditos.

Un falta de concentración infantil de Roberto Carlos, dos toques del Bayern, y el Real Madrid en la lona, como un boxeador sonado, a los 10 segundos…. Y el plan ultradefensivo de Capello roto en mil pedazos. Lo nunca visto, la crónica de otro funeral en Múnich, esta vez por vía urgente.

Una lástima que a Capello le faltó ese mínimo de grandeza que tuvieron algunos de sus jugadores. El ‘Doctor italiano’, que planeó una batalla de supervivencia a la defensiva, no tenía plan alternativo alguno. Si había alguna idea original, ésta no era más que resistir por amontonamiento, colgados del larguero, al estilo Maguregui. Había dejado a Guti en el banco, y al minuto del sopapo, lo puso a calentar. Fue el mejor de su equipo. Cierto, el día que se inventó un trivote defensivo (Gago, Emerson y Diarra), le fue inservible en defensa desde el primer minuto. A improvisar: los que mejor jugaron salieron de su banquillo.

El caso es que el Madrid de menos jerarquía que ha pasado por Múnich perdió con un Bayern de mentira, un grande enfermo que tampoco asusta a nadie. Eso sí, con tan escaso fútbol no se pueden tener más ocasiones. Casillas sigue camino de la beatificación, salvó un puñado de goles.

El ‘capellismo’ dispuso de balón, pero lo utiliza a ratos y defensivamente es una ruina andante. Su fútbol raquítico sólo se sostiene cuando algunos peloteros se asocian y Casillas trabaja de superhéroe a tiempo completo.

El de Mostoles sacó cuatro goles cantados en llegadas puntuales de los alemanes, que venían de un Podolski y Salihamidzic sacando ventaja del desgastado Roberto Carlos, que vive de los recuerdos. Nunca Hitzfeld hubiese imaginado un escenario de arranque tan cómodo. El Bayern tuvo el absoluto dominio de la situación y se limitó a picar en contragolpes hasta que el Madrid sacó orgullo en los últimos 10 minutos del primer acto.

Lo rescatable del Madrid llegó al final de cada tiempo, cuando se difuminó la parálisis y Guti empezó a marcar los tiempos. El peligro blanco llegó en una triangulación entre Higuaín y el 14 y en un remate manso de cabeza de Van Nistelrooy tras un otro envío preciso de Guti, de los únicos que diseñan fútbol en esta mentira blanca. Se funciona a impulsos, sin un líder -a Gago le faltan aún mucha mili- y con un entrenador que tiene a medio plantel y a la afición al borde del manicomio. Y así les luce el pelo.

La segunda mitad arrancó como un calco la primera, sólo que esta vez Casillas sacó un limpio mano a mano a Van Bommel tras otro agüjero negro en el centro de la defensa. De mofa. Pasado el susto, se tiro de orgullo, la pelota fue suya y empezó ya a dominar a un Bayern más inseguro. Guti se asoció con Raúl, Cassano, con mucho más talento que Higuaín, y Raúl. Pero el Bayern, sin nada del otro jueves, picaba de vez en cuando -ocasión para Schweinsteiger- por la endeblez endémica de los blancos. Así, hasta que en un córner, Lucio, en un calco al gol del Bernabéu, remató de cabeza a la red.

El Madrid se levantó de este segundo castigo como pudo, como los condenados a muerte que se rebelan contra su destino. Funcionó a ratos por las invenciones del dúo Cassano-Guti y la movilidad de Van Nistelrooy y Raúl, perros viejos que se negaban a hincar la rodilla, pero lejos de sus mejores días. Capello se acordó de Robinho y se obró el milagro cuando el brasileño tropezó con Lucio y se fue al suelo en el área. Picó el árbitro. El italiano, que ya contaba los días para firmar el finiquito, volvía a tener un crédito extra, mínimo. Van Nistelrooy ejecutó el penalti y Van Bommel y el inservible Diarra se iban a la calle por una trifulca. A un gol de la heroica. ¿El milagro? Pero la esperanza que se difuminó cuando el árbitro anuló un golazo de Ramos por haberse apoyado en el brazo para el control. La muerte fue con honra, pero no por ello menos dolorosa. Capello se queda sin discurso.

Ángel González (El Mundo)

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Una buena primera parte -con Beckham y Raúl impecables- no sirvió al Madrid para cerrar la eliminatoria frente al peor Bayern que ha pasado por el Bernabéu. Los blancos derramaron el botín (3-1) cuando el ex barcelonista Van Bommel cobró el miedo al triunfo tras el desfondamiento general -3-2, acompañado por un deplorable corte de mangas- que deja los cuartos en peligro y a Capello con ganas de dimitir.

En el choque de ruinas andantes, el Madrid no salió fortalecido como debiera ante el Bayern más flojo -en casi todos sus elementos- que ha pasado en su historia por el Bernabéu. Ni Lahm, ni Podolski, ni Makaay… Un poquito de Pizarro y los arreones de Hargreaves. El colectivo alemán está tieso como la mojama, con una defensa de mentira, y un portero, Oliver Kahn, que debería ser ya espectador en vez de protagonista. El viejo león debería verlos por la tele porque pese a su estirada en un libre directo de Beckham alguna vez se le va a caer el larguero encima. Sobrevivió el colectivo de Hitzfeld porque el Madrid se quedó sin gasolina, desfondado y porque ya no cuenta con dinamita arriba para matar a la contra.

El caso es que al público se le ofreció algo más que la incomestible mortadela de los últimos tiempos y se lo pasó pipa unos 50 minutos. Era verdad: un rato de fútbol. No es que se le ofreciese el pata negra del que Capello presume de gran catador sino, al menos, una racinocita aceptable de jamón de bodega. Ayudó en la mejoría tanto la actitud general del grupo, no tan mortecina ni pusilánime, como el orgullo de la vieja guardia. Impecable el trabajo, esta vez acompañado de más eficacia, de Raúl y Beckham. Y más fluidez con Gago y Roberto Carlos asociados a Guti. Se contó con más acierto del inagotable Raúl y con un espléndido partido de Beckham, hasta hace poco el exiliado forzado por Capello.

La partida comenzó con un Madrid atrincherando al Bayern. Porque este Bayern se deja intimidar y porque hubo más movilidad y ganas que en los cinco últimos partidos juntos. Los errores defensivos de los alemanes, con Lucio de garbeos continuos hacia arriba, y sus compinches blanditos como la gelatina, hicieron el resto para que el Madrid tomara altura. El primero gol, precedido de un aviso de Van Nistelrooy, llegó tras un esplendido pase del holandés para un desmarque de ruptura de Raúl de los que casi ya ni se recuerdan. El delantero aprovechó un mal rechace del viejo Kahn para clavar la primera daga al grande de los pies de barro.

La culpa del empate la tuvo el Madrid, que perdió terreno y se olvidó de lo principal, de tener la bola, de imponer su jerarquía. Como le sucedió en largos tramos del segundo periodo. A Gago aún le vienen un par de tallas grandes estos pulsos y se demostró cuando el Bayern se lanzó hacia arriba como pudo. Se notó cuando Guti se descargó de labores de zapa. El caso es que Sagnol colgó el balón de falta y Cannavaro persiguió al rival en vez del balón con lo que Lucio se encontró sin oposición para clavarla. La estirada de Casillas, insuficiente.

Fueron minutos en los que ambos equipos amenazaron con escenificar su deplorable estado hasta que Beckham y Raúl, con ayuda de Guti, tomaron el mando para que no se desmadrara. Dos jugadas a balón parado, acompañadas de píldoras de entendimiento, terminaron con el balón dentro -el primero de Helguera y Raúl a pachas, y otro de Van Nistelrooy- ante la parsimonia y la modorra alemana a la hora de defender jugadas de estrategia.

El Madrid cedió peligrosamente la pelota en el segundo acto, como si tuviera miedo al triunfo. Y lo acabó pagando. Capello dio descanso a Roberto Carlos -bien en su regreso- y dejó en el banco al errático pero móvil Higuaín. Entró el también móvil pero ansioso Robinho y nada cambió. El brasileño quiere demostrar en cada jugada que es el Pelé que se anunció a bombo y platillo y así es imposible. La ansiedad por un entrenador que lo tiene bajo sospecha amenaza con acortar su estancia en el Bernabéu.

El Madrid se agarró a Casillas para mantener el resultado ante las cada vez más insistentes llegadas alemanas
. Van Bommel y Hargreaves estaban cada vez más libres y Sahlihamidzic no se cansó de hurgar por la derecha. Casillas sacó un par de manos milagrosas a Pizarro y Schweinsteiger hasta que Van Bommel cazó un disparo desde la frontal con toda la defensa blanca al ladito de su portero. Demasiado miedo. El ex barcelonista soltó la euforia con un deplorable corte de mangas al estilo de la célebre butifarra de Giovanni. Al Bernabéu se le agrió el triunfo. Y Capello sigue con ganas de dimitir si le sueltan la pasta aunque no se niegue hablar al respecto.

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