Archivo de 'Champions League'

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A falta de acierto propio en el remate, el Madrid se sirvió de la empanada mental transitoria de un rival, Banel Nicolita, para ganar al Steaua por 1-0 en el Bernabéu y certificar su pase a octavos de final de la Liga de Campeones, a falta de dos partidos por disputarse en el grupo E de clasificación.

El Steaua vino a vengarse de la humillación del partido de Bucarest, ese 1-4 que dio vida a un Real Madrid medio sonado. Salió a presionar con fuerza y dureza en el centro del campo, envalentonado por la animosa parroquia de los 15.000 rumanos que consiguieron localidad. El equipo de casa tardó 45 minutos en gobernar el partido, 70 en traducir en gol su superioridad tras el descanso -en propia meta, del desafortunado Nicolita- y más de 90 para dejar de sufrir.

El equipo español mejoró notablemente tras la reanudación, en la que consiguió zafarse de la presión rumana, intimidar con su despliegue ofensivo, reestablecer la conexión Guti-Robinho y aprovechar el tacto sublime de Beckham, que reemplazó a Diarra en el último tramo. Gracias a estos factores añadió a su baúl de oportunidades de gol dos de Helguera, otra de Robinho, una de Raúl y otra de Van Nistelrooy, que dejó su puesto a Ronaldo justo después de desperdiciar un penalti. Por cierto, el brasileño iba a ser titular, pero una tortícolis súbita y mañanera hizo recitificar a Capello. Esta es, al menos, la versión del técnico italiano.

Hasta el descanso, Guti fue borrado del mapa de este partido por la abigarrada tropa de Cosmin Olariu. Las bicicletas de Robinho, que comenzó hiperactivo, fueron retrasándose y retrasándose hasta convertirse en inútiles. No lo son en las inmediaciones del área rival, pero sí cerca de la línea central.

Los rumanos resolvieron la mitad del trabajo: anular al Madrid y evitar su poderosa pegada a la contra. Les faltó la otra parte, la de golpear con contundencia, de la que carecen, entre los palos de Casillas. Llegaron en numerosas ocasiones, ensayaron una decena de disparos en la primera mitad, tres al espacio que defiende el portero, sólo uno con verdadero peligro. Terminaron retrocediendo, aunque sin rendirse nunca, por la lógica merma de facultades físicas.

Las facultades anímicas del Steaua se derrumbaron con el gol tonto de Nicolita. En terreno que no le pertenece, el de la defensa, cedió un balón a su portería sin darse cuenta de que el guardameta estaba fuera de ella, a 10 metros, junto a la línea de fondo. El balón rodó mansamente y se instaló en el marco con algarabía madridista.

El Real Madrid sigue sin emocionar. Saca los partidos con chorros de sudor. En este caso padeció más aún por su mala fortuna para resolver jugadas clamorosas de gol, que normalmente entran. Avanza entre dudas y bostezos. Pero se mueve siempre hacia adelante.

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Parece que el revolcón de Getafe espoleó el orgullo blanco a tiempo, a escasos días del clásico. Goleada necesaria para el ánimo y la clasificación ante un Steaua menor (1-4). Ramos hizo de espoleta con la cabeza, Robinho coronó su estupendo partido de desborde con un gran gol y Van Nistelrooy, cuando los rumanos empezaban a creer en milagros por su golito , cerró el ejercicio de autoestima con una obra cumbre por la sutileza y la inteligencia de su vaselina.

¡Qué diferencia! El Madrid remontó su vuelo rasante en vísperas de la prueba más exigente ante el Barça. Después de la ‘caraja’ general de Getafe, los blancos se reconfortaron tanto más que por el resultado por la forma de conseguirlo. Da casi igual que fuese un Steaua que ya no asusta a nadie por Europa. Al Madrid tampoco le sobra jerarquía ahora para retar a gigantes.

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Real Madrid 5 - Dinamo de Kiev 1

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Reyes prendió la mecha y Raúl recuperó autoestima y puntería con dos goles tras no ver puerta desde el pasado 26 de octubre. El Madrid aparcó el desastre de Lyón con una goleada de fiesta a un blandito Dinamo de Kiev (5-1), que también acumuló un puñado de llegadas. Buenas y no tan buenas noticias para Capello: Reyes demuestra que debe ser titular desde ya y Raúl tiene siete vidas. Lo malo es que el Madrid demostró una injustificable debilidad defensiva.

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El Real Madrid repitió el amargo dèjà vu de Lyón del pasado año. Lo mismo da el tétrico 3-0 pasado que el 2-0 -y gracias- actual. Otra vez más que suficiente para retratar otra película de terror. Porque si la zaga, especialmente Cannavaro, rozó el esperpento en la primera parte, de mediocampo para arriba no levantaron un palmo, incapaces de crear más de una mísera ocasión en 90 minutos.

Mucho cambió el Real Madrid en 12 meses. Presidente nuevo, entrenador nuevo, filosofía radical y/o pretendidamente opuesta, la simbiosis del músculo y la fuerza, la capacidad defensiva… ¿Hormigón como nuevo look mientras se afina el rompecabezas del ataque? Plastilina defectuosa detrás y delante en el arranque de la Champions, porque el batacazo en Lyón tuvo las mismas dimensiones catastróficas que el del curso pasado, con el añadido de que ya estaban avisados del potencial enemigo en su casita del Gerland y que se supone un Madrid de mayor blindaje.

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Arsenal 0 - Real Madrid 0

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Una época desapareció de un plumazo en Highbury, escenario de la eliminación del Madrid, que jugó con todas sus viejas estrellas. Más que un equipo, fue un respetuoso homenaje a la nostalgia, el final de un modelo que comenzó a apagarse hace tres años. Una semana después de la dimisión de su presidente, el Madrid cerró un ciclo de grandes luces y sombras. En Londres fue eliminado por un equipo en transición, pero con más energía. Mientras el Madrid se miró en el pasado, el Arsenal prefirió el futuro de sus jóvenes futbolistas. Ganó el futuro.

Apareció la vieja caballería del Madrid en Highbury, demasiado desgastada por lo que se vio en Londres. El entrenador alineó a todos los notables sin excepción, decisión que le aliviaba de responsabilidad en una noche crucial para el equipo y el club. López Caro saltó tres años hacia atrás. Excluyó a los tres nuevos brasileños —Cicinho, Baptista y Robinho—, retiró a Cassano de su breve titularidad y eligió la alineación políticamente correcta. Pero el regreso al pasado no reflotó a las veteranas estrellas del Madrid. Todos han pasado sus mejores días, y en algunos casos su declive es evidente. La altísima media de edad del Madrid —la mayoría bordeaba o atravesaba la frontera de los 30— sólo ofreció la garantía de la experiencia. Pero al equipo le faltó energía y apetito de triunfo. La alineación también manifestó el fracaso de un proyecto. O de dos. El Madrid ha fichado a once jugadores en las dos últimas temporadas, se supone que para regenerar el equipo y afrontar el futuro con poderío. Sólo Sergio Ramos y Gravesen jugaron como titulares, y nadie considera al jugador danés como la bandera del futuro. Ni del presente.

Fue interesante observar la reacción de los dos entrenadores ante la magnitud del partido. A López Caro le dio un ataque de nostalgia. Wenger tiró de los jóvenes. El Arsenal atraviesa un periodo similar al del Madrid. Vive una etapa de transición, todavía no resuelta. Es un equipo creciente, pero irregular. La dependencia de Henry es casi absoluta. Y con razón. Hay una superioridad enorme del astro francés sobre los demás jugadores del Arsenal. También sobre los del Madrid. Como sucedió en el primer partido, Henry volvió a protagonizar la noche. Su impresionante combinación de velocidad, potencia, habilidad y clase no encontró igual en Highbury. Fue tanta su autoridad que en más de una ocasión se recreó en la suerte. Alrededor de Henry, el Arsenal maquilló su inexperiencia. No fue un partido sencillo para un equipo tan joven. El Arsenal tenía que cuidar la ventaja que obtuvo en Chamartín. Ese estado de constante vigilancia podía llevarle a un repliegue excesivo, o al descontrol frente un rival muy experto. En líneas generales, el equipo inglés resolvió el examen con buena nota. Tuvo más oportunidades que el Madrid, llegó al área de Casillas con facilidad y concedió pocas ocasiones. El Arsenal sólo quedó expuesto a la derrota en dos remates sucesivos de Raúl en el segundo tiempo. Beckham cabeceó hacia atrás y dejó a Raúl en una posición inmejorable para marcar: el primer tiro se estrelló en el poste, el segundo fue desviado por Lehmann desde el suelo. Un milagro.

La vibrante descarga final del Madrid fue un testimonio de grandeza tras una actuación discreta. Hasta el último trecho del encuentro, al Madrid le costó un mundo progresar entre las líneas del equipo inglés. Lo de inglés es nominal, porque no hubo el único jugador británico en Highbury fue Beckham, recibido con bastante indiferencia por la hinchada del Arsenal. Armado para el contragolpe, el Arsenal permitió el dominio virtual del Madrid. La posesión de la pelota apenas significó nada, una trivialidad que pocas veces se convirtió en una amenaza. Ni Guti, ni Zidane, ni Raúl lograron filtrar un pase a Ronaldo durante el primer tiempo. Y en caso de duda, Eboué y Touré —dos portentos atléticos— se encargaron personalmente de desactivar los ataques del Madrid. No ocurría lo mismo en los contragolpes del Arsenal, especialmente cuando surgía el majestuoso Henry. El gol se anunció en un tiro al palo de Reyes y en tres remates desviados por los defensas, casi in articulo mortis.

A pesar de sus estupendas ocasiones, el Arsenal se abocó al sufrimiento. No concretó sus contragolpes, ni Henry sacó la ventaja definitiva de su superioridad sobre los defensas del Madrid. Frente a los dos remates de Raúl, el Arsenal estuvo a un centímetro del gol en varios remates. Pero no resolvió. Se metió en un problemón porque el encuentro entró en un hermoso cuerpo a cuerpo. Sometido a la evidencia de su eliminación, y al final de una época, el Madrid cargó con orgullo en los últimos minutos. Entraron Cassano, Baptista y Robinho para llenar el campo de delanteros. El viejo Highbury tembló. La hinchada no podía contener la emoción en la sucesión de ataque de los dos equipos. Fueron instantes apasionados, puro coraje en los dos conjuntos, con Casillas en el área del Arsenal y la inminencia del contragolpe letal. Pero nada cambió en la tormenta de jugadas. Con todas sus viejas estrellas, el Madrid cayó en Highbury. En la alineación se explicó la metáfora del partido: el final de un equipo, el final de una época.

Ficha técnica:

0 – Arsenal: Lehmann; Eboué, Touré, Senderos, Flamini; Fábregas, Gilberto, Hleb (Bergkamp 87´), Reyes (Pires 67´); Ljunberg y Henry.

0 – Real Madrid: Casillas; Salgado (Robinho 84´), Sergio Ramos, Raúl Bravo; Gravesen (Baptista 67´), Beckham, Zidane, Guti; Raúl (Cassano 73´) y Ronaldo.

Árbitro: Lubos Michel (Eslovaquia). Amonestó a Guti (14´), Roberto Carlos (43´), Gravesen (61´), Henry (83´), Raúl Bravo (85´).

Incidencias: Partido de vuelta correspondiente a los octavos de final de la Liga de Campeones disputado en el estadio londinense de Highbury ante 35.847 espectadores (lleno). Fernando Martín estuvo presente en el palco de honor.

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Real Madrid 0 - Arsenal 1

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Wenger ofreció una lección táctica en el Santiago Bernabéu, que se rindió a la velocidad y clase de Thierry Henry, secundado por un gran Cesc. Casillas, de nuevo el mejor de un equipo desconcertado, evitó una derrota mayor.

¡Qué gran entrenador es Arsene Wenger y qué bueno es Thierry Henry! La teórica superioridad del Real Madrid, de la que tanto se había hablado en los últimos días, quedó anulada con el magnífico planteamiento del técnico francés, que ganó por la mano a López Caro y desactivó la línea de creación del Madrid, que nunca se encontró a gusto. El control del partido correspondió al Arsenal, que se movió siempre con sentido, nunca perdió el orden y supo compensar sus limitaciones haciendo más evidentes las del Real Madrid.

El encuentro se decidió en el centro del campo y ahí Cesc Fábregas y Gilberto, con la ayuda de Ljunberg por el centro y Hleb y Reyes por las bandas, anularon a Guti y Zidane, que tuvieron muy poca presencia en labores creativas. El audaz planteamiento de Wenger obligó a que esa responsabilidad descansara en los pies de Gravesen. Los balones que pasan por las botas del danés casi siempre terminan donde no deben. Beckham no fue el de las últimas semanas y no supo tomar el relevo de Guti y Zidane en la organización. Cuando ellos fallan, el inglés suple las ideas de sus compañeros con esos pases en diagonal que tanto daño hacen y tan bien aprovechan Robinho, Ronaldo o el mismo Zidane. Contra el Arsenal no hubo ni pases ni ideas.

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