Robinho, el heredero

26 de Marzo, 2008 | Categoría: Columnistas

robinho

En Brasil aseguran que Ronaldinho ya no entusiasma como antes. La magia brasileña en la Liga corre a cargo de Robinho, un prodigio de la naturaleza por sus facultades físicas. Sus adeptos ya superan a los del azulgrana, y está en el corazón de la torcida por delante, incluso, de Kaká.

Magia. El arte de hacer aparecer y desaparecer el balón de entre las piernas de los defensores es asunto de Robinho. En la Liga no hay otro como él. Ni corriendo ni regatenado ni, claro está, haciendo ‘bicicletas’. Ronaldinho se ha quedado atrás y ya no es ni el jugador brasileño más querido por la ‘torcida’ de su país. Lo es Robinho, por su juego actual, por su alegría, por su compromiso con su selección que llevó a acudir a la Copa América mientras otros compañeros hacían vacaciones y veían por la televisión sus exhibiciones.

Y es que Robson de Souza (Robinho, São Vicente, Brasil, 25 de enero de 1984) ha cambiado. Desde el pasado verano hasta ahora su progresión es imparable, y puede medirse en minutos de juego con su club, el Real Madrid, o en goles marcados. Y es mejor jugador por lo que no puede medirse con cifras que por lo que puede medirse. Su rendimiento en cada partido que ha jugado estando a tono físicamente ha sido sobresaliente porque ya no es el jugador irregular que se quedaba embobado mirando a su compañero Ronaldo, admiración propia del que idolatra y que le llevó a mimetizar ciertos comportamientos, además de aceptar ciertas reglas para fuera del terreno de juego.

El héroe brasileño de la Copa América, en la que no estuvieron ni Ronaldinho ni Kaká, ha pasado de estar atenazado por la grandeza del Real Madrid, de Ronaldo, de Beckham… a ser útil porque coordina sus ‘bicicletas’ con goles fundamentales. Atrás quedan los tiempos grises, que cogieron el ‘Puente Aéreo’ o el AVE para desolar a Ronaldinho, el compatriota al que ha desbancado en el corazón de millones de hinchas brasileños. No hay duda de que Robinho es el sucesor.

Extraña que el ‘boom’ de Robinho en la Liga haya llegado sin el grupo en el que tanto se apoyaba -Luxemburgo, Ronaldo y Roberto Carlos-, pero el extremo ha rehabilitado su entorno con otras personas, siendo los fundamentales Bernd Schuster y Marcelo. Ya sabía que el alemán confiaba ciegamente en él, pero se lo demostró tras pasar por alto la famosa fiesta de ‘las camisinhas’, de la que volvió y cuando muchos apostaban por un castigo fue titular y se lució. “Schuster es un entrenador que me ha dado tranquilidad, y así juego mejor”, ha reconocido el delantero.

Si el apoyo profesional se lo da el entrenador, el humano lo tiene gracias a Marcelo, el joven defensa que a distancia parece un gemelo suyo por el parecido físico que mantienen ambos. Con el lateral se divierte, pero también cuando busca un hombro sobre el que llorar alguna pena ahí está el de su gran amigo. Lo habitual en el vestuario y en las concentraciones es verles juntos, como en el autocar en el que el viaja el equipo. En estos desplazamientos ambos mantienen una manía: siempre se sientan en las mismas butacas, las de la tercera fila, y con Robinho pegado a la ventanilla y Marcelo al lado del pasillo.

En este Real Madrid irregular del bravucón Schuster, Robinho es una pieza salvadora de puntos, al nivel de Iker Casillas y Ruud Van Nistelrooy. Las tres piezas que sostienen a los merengues en la Liga son ellos, con alguna aparición estelar esporádica de Guti. Si el ariete holandés es decisivo por su número de goles, el brasileño no le va a la zaga en aciertos, pero con el importante matiz a su favor de que es un buen asistente, además de que en varios partidos ha encontrado el gol en momentos trascendentales que han dado al equipo puntos que parecían imposibles de conseguir. Es por ello por lo que Ramón Calderón sopesa retocar al alza su contrato, “lo que para mí es muy importante porque espero estar aquí hasta los 35 años, pero este tema lo resolverá mi representante junto a mi padre”, afirma el jugador de 24 años.

De lo que no hay duda es de que Robinho es el mejor jugador de campo que tiene en su plantilla el Real Madrid en estos momentos, y que sin él el liderato de la Liga no existiría. Su fichaje en el verano de 2005 no hacía presagiar una consolidación dentro de la plantilla como la actual. Aquella inversión de Florentino Pérez, de 24 millones de euros, fue una apuesta por un joven que en el Santos se había ganado el apodo de ‘O Principe’, en recuerdo nostálgio de ‘O Rei’ (Pelé), pero que había que comprobar su adaptación a Europa.

Para gente del propio club, el Real Madrid se empecinó en la contratación de Robinho luchando a brazo partido con otros equipos, como el Benfica, porque en los despachos aún se recordaba el ‘affaire’ Kaká, jugador que fue ofrecido antes al club español que al Milan y cuyo fichaje no se acometió. Por ello, para prevenir que se repitiera la historia, el presidente Pérez accedió a llegar hasta esos 24 millones que se abonaron.

Este Madrid 07-08 vuelve a disfrutar de un delantero alegre cuyo rendimiento ha hecho ‘una uve’ desde que aterrizó en Madrid por sus diferentes estados de ánimo: máxima ilusión por su fichaje; desencanto durante la primera época con Capello (“juego más cómodo ahora que cuando estaba Capello”); y, ahora, euforia (“me encuentro en un gran estado de forma, pero sé que aún puedo mejorar”). Por su carácter, Robinho posee un perfil favorable para adaptarse.

Es extrovertido, con una sonrisa conquistadora, y a los primeros que conquistó fue a los ‘caza-autógrafos’, ya que el suyo era especial, casi una caricatura. El brasileño firmaba con una erre mayúscula gigante a la que la ponía una sonrisa, unas cejas y una boca. Sin duda, un autógrafo impactante que requería imaginación y ganas de agradar, lo contrario de lo que hacen muchos cracks, que dejan su garabato de cualquiera manera ante la mirada incrédula del aficionado de turno.

Pese a que para una gran parte de sus compatriotas Ronaldinho no da ya la talla de súper-héroe y Kaká ofrece un fútbol menos vistoso que el suyo, Robinho no vive en una nube y siempre recuerda lo que en el vestuario le dice Fabio Cannavaro, Balón de Oro 2006. “Él me dice que si quiero ganar yo el Balón de Oro, primero tengo que darle a él una Champions, y a partir de ahí podré luchar por ese trofeo”. Sabio consejo el del veterano.

Don Balón

El buen brasileño

04 de Marzo, 2008 | Categoría: Columnistas

robinho diego torres

Artículo de Diego Torres, magnífico periodista de El País

Entre los preparadores del Madrid circula un estudio sobre la actividad cerebral. Ciertos científicos colocaron electrodos en el cuero cabelludo de individuos infiltrados como polizones en actos sociales que les eran completamente ajenos. Simultáneamente, conectaron electrodos a los cerebros de los concurrentes que sí habían sido invitados a las mismas fiestas. La actividad eléctrica cerebral de los extraños superó en muchos hercios a la de los integrados. La necesidad de aprender códigos nuevos disparó sus ondas electromagnéticas, síntoma de un desgaste mental y físico que en condiciones prolongadas puede causar enfermedades. En el Madrid analizan el estudio en la medida en que el extraño es análogo a cualquier fichaje nuevo. Todos los recién contratados están expuestos a un desgaste físico invisible, mayor cuanto mayor es la diferencia cultural. Robinho de Souza, que llegó a España con 22 años y sufrió diversas agresiones psicológicas, lo sabe bien.

El tercer gol del Madrid, el sábado en Huelva, es un reflejo de su superación. Corría el minuto 90. Gago le devolvió una pared demasiado atrás, estiró la pierna, atrapó el balón con el talón derecho, se lo acomodó sin alterar su carrera y, en plena efervescencia, en la culminación de un partido que fue como la guerra brava, puso el broche a la velada. Pisó el área y con un toque elegante emboquilló el balón por encima del portero. Todo en un solo gesto. Todo conectado. Todo en un swing.

Aparentemente, Robinho es un hombre totalmente integrado a la disciplina madridista. Sólo para quien observa determinadas liturgias se revelan los resabios de un pasado turbulento. Hay un detalle significativo: nunca celebra los goles con Raúl. Hasta ahora, nunca buscó a Raúl para festejar. Prefirió a los brasileños, a los argentinos, a Diarra o a Guti. El chico no olvida que, cuando llegó al club, en Brasil lo conocían como O Principe. Se ganó el epíteto por sus reminiscencias con Pelé y porque poseía una velocidad y una capacidad prodigiosa para el dribling. Sin embargo, el capitán le decía que tenía que regatear menos. Raúl le sugería concreción. En la fiesta del Madrid, el maestro de ceremonias le exigía que hablara un lenguaje incomprensible. De paso, le invitaba a dejar en un segundo plano los códigos que lo convirtieron en figura.

Ante la magnitud del dilema, Robinho sufrió un caso de estrés. Se atenazó. “Yo no veo que sea para tanto”, decía un veterano español del vestuario; “no me parece un crack”.

Fue natural que buscara la protección del grupo de Brasil. Se pegó a Luxemburgo, a Roberto Carlos y a Ronaldo. Agredido como se sentía por el sector conservador del vestuario, hizo piña con sus paisanos. Durante dos años vivió peligrosamente. Asistió desolado a la liquidación de cada uno de sus colegas protectores. Primero, el técnico, Luxemburgo, como un padre futbolístico para él. Luego, Ronaldo, su ídolo. Y finalmente, Roberto Carlos, una especie de padrino. Todos cayeron bajo la ofensiva que sucedió a Florentino Pérez. El nuevo presidente, Ramón Calderón; el nuevo técnico, Fabio Capello, y el restituido jefe del vestuario, Raúl, arrasaron con todo aquello que olía a exaltación brasileña. Sólo quedaron los brasileños tímidos. Baptista, a duras penas; Emerson, sólo unos meses, y Marcelo, por pura bisoñez. Las ondas electromagnéticas del cerebro de Robinho debieron calentarle el cráneo en aquellos días. “Me siento solo”, se lamentaba. Tenía la certeza de que, si el equipo perdía, él sería el primer acusado.

Ahora, Bernd Schuster, el entrenador vigente, ha decidido que el brasileño es su número uno. Sus dos goles en Huelva ratifican su importancia dentro del equipo. “Es fundamental”, dice el alemán, que le estima más que al propio Raúl.

Robinho y su gen teutón

30 de Enero, 2008 | Categoría: Columnistas

Todavía no se han dado cuenta? Sí, hombre, sí, obsérvenle bien. Robinho es alemán. Ni fiestas locas ni batucada ni samba pa ti. Casi como aquellos oriundos melenudos que en los años setenta ‘descubrían’ a unos parientes lejanos en ciudades como “Osasuna” y “Celta” para hacerse pasar por españoles, el pequeño gran 10 madridista se ha visto obligado a apelar a su gen teutón escondido. Y lo ha hecho sin necesidad de inventarse un fantasma en la familia. Parecía imposible, pero ahora Robinho disfruta trabajando en domingo, en pleno enero, con el frío mesetario, fabricando goles y quiebros imposibles como si estuviera en una fábrica del Ruhr.

A su natural talento ha añadido velocidad, constancia, esfuerzo, eficacia y gol. Re-gu-la-ri-dad. Desde la orilla izquierda del Rhin del Bernabéu, este chaval de Santos que había empezado a exasperar a más de uno con sus intermitencias ha terminado por asentarse. La clave es Bernd Schuster, el entrenador que ha decidido arriesgar con el futbolista más desequilibrante de su generación y le ha ofrecido un puesto fijo en el equipo tras meses y meses de coquetear con la suplencia, con el recorte de su debut en Cádiz como única prueba de vida. Ahora Robinho, quizá liberado de alguna que otra mala influencia, superada ya esa absurda cantinela de su comparación con Pelé (ambos venían del Santos y poco más), arropado por un entrenador que confía en él y con el Pichichi y el título de la Copa América 2007 como aval, se ha convertido en una máquina perfecta de tecnología punta.

Y mientras sus compatriotas ponen cara de saudade y buscan el sol de Copacabana, él encuentra el balón, corre la banda, no pierde el centro, encara con desparpajo y chapurrea el alemán con los pies. Schuster le entiende perfectamente y el madridismo exporta sus goles. Robinho über alles.

Carlos Marañón, Diario AS

La madurez de Robinho gana el derbi

21 de Enero, 2008 | Categoría: Columnistas

robinho real madrid

No marcó pero fue la clave del partido. Habilidoso, intuitivo, rápido y hasta corajudo. Robinho rompió el partido en el primer minuto robándole la cartera a Pablo y acabó desquiciando al Atlético en el resto de minutos que estuvo en el campo. Además se le vio centrado, entendiendo el juego colectivo, parando las contras cuando era necesario y acelerando al ver la más mínima confianza del rival. Incluso tuvo tiempo para sacar el genio con el Kun Agüero en un enfrentamiento verbal. A día de hoy es uno de los grandes logros de Schuster en el banquillo: haber encarrilado al brasileño.

Curiosamente, cuando el delantero está alcanzando la madurez y la máxima rentabilidad para su equipo, es cuando menos eco tienen sus actuaciones. Mejor para él. Tiempo para los elogios siempre habrá. Lo digo porque pese a la victoria, hubo gestos y comportamientos de otros compañeros que no estuvieron a la altura. Excesivas facilidades por las bandas a la hora de defender y ciertos toques arrogantes de Guti cuando el partido estaba ya ventilado. Otro asunto a considerar es lo bien que asume que el papel goleador les corresponde a otros. En un Madrid que fue devorado por el divismo y donde todavía existen residuos de aquella etapa, no viene mal que un chaval genial asuma su papel con humildad.

JJ Santos, Diario AS

La prensa rectifica con Robinho

29 de Noviembre, 2007 | Categoría: Columnistas

Todos han ido reconociendo que Robinho es el mejor jugador del Real Madrid y está haciendo un juego terriblemente efectivo y efectista. Desde aquella famosa fiesta en Brasil nuestro crack ha metido ocho goles. A seguir así, Robson!!.

Schuster recupera al mejor Robinho

12 de Noviembre, 2007 | Categoría: Columnistas

robinho real madrid

Schuster está haciendo méritos, y entre ellos destaca con luz propia haber recuperado a un futbolista que parecía perdido y que ahora es la luz que ilumina y dirige a su Madrid (con permiso de Guti). Se trata de Robinho. El brasileño, que ha estado dando tumbos desde que llegó al Real Madrid, ha alcanzado su madurez futbolística en los últimos encuentros. Desde su famosa fiesta en Río, el brasileño ha dejado de ser un jugador pasota, intrascendente para su equipo y molesto para la afición para convertirse en una referencia, en el futbolista que todos sus compañeros buscan para que desborde, en el jugador que los hinchas esperan que decante el encuentro… Schuster no le castigó con el ostracismo, le mimó y ahora está recogiendo sus frutos. Hasta ve puerta con una facilidad increíble. Parece otro futbolista, y al César lo que es del César, gran parte del mérito es de Schuster.

Juan José Anaut, Redactor Jefe de MARCA.com

Cerrar
E-mail It