Archivo de 'Columnistas'

Zinedine Zizou

zinedine zidaneFrédéric Hermel, periodista francés, corresponsal de L’Equipe en España y colaborador de AS, escribió en los peores momentos de Zidane un par de emocionantes artículos en los que proclamaba su fe en la vuelta del gran Zizou. Cuenta que él se lo dijo: “Volveré”. Y le creyó. Hubo entonces quien sonrió y vio chauvinismo, ceguera ante la realidad y no sé cuántas cosas más en aquellos artículos. Ayer ganó el Madrid, ganó Zidane y ganó Hermel. Vive la France! por tanto. Vivimos tres goles y momentos del gran Zidane, cuyo fútbol enloqueció en su día a cientos de miles de Hermel’s de todos los colores: anoche volvió al Bernabéu.

Gran partido. Legítimo enfado del Sevilla con Puentes. Misterioso Sevilla, por cierto, que es capaz de meter dos goles y darle al palo otras dos veces y morir mirando a Casillas, y fue incapaz de meterle uno al Cádiz en la Copa, en el Pizjuán. Partidazo con aire de viejos tiempos madridistas y la vuelta de Zidane convertido en Napoleón I. Napoleón II fue el emperador Guti, claro. Pero Guti estaba bien; al que esperábamos era a Zidane. Mucho tienen que ver en lo de ayer Caro y Albertí. Albertí de por medio no es raro que lo de Zizou fuera lo que fue: un poema.

Tomás Guasch
Diario AS

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Ríe Robinho

robinhoDecía el otro día Ronaldo que el talento corre por la venas de Robinho, que no había que preocuparse porque, más temprano que tarde, el chico terminaría por explotar.

No es que el joven talento brasileño haya ofrecido una memorable exhibición frente al Athletic, pero si que ha dejado detalles que revelan una notable mejoría en su juego, más confianza, más ilusión, más soltura. Se le nota más feliz, incluso bailó con Sergio Ramos para celebrar el segundo gol marcado por el central sevillano.

López Caro parece haberle encontrado ubicación al liviano futbolista en la banda izquierda, bien abierto, aunque con cierta libertad para trazar diagonales y acercarse al área; en uno de esos desmarques llegó el primer gol de su equipo, una sutil jugada de Guti que “O Príncipe” finiquitó con soltura.

Quizá, esa posición, ese estar bien pegadito a la banda, le aparta demasiado de la construcción de juego, donde bien podría colaborar y ceder un poco de su imaginación para darle más variantes a la salida del balón, y también, parece lejos de las zonas próximas al gol, pero también es verdad que, cuando le llega la bola, está más descansado, más dinámico, y consigue ganar metros y llevar peligro con mayor facilidad. Ahí están sus dos goles, y pudo marcar alguno más.

Robinho tiene magia y visión, sólo hace falta ver como se mueve, cómo entiende el juego, cómo jugaba en Brasil. Quizá le falte algo más de tiempo para terminar de adaptarse al competitivo fútbol español, donde la oposición siempre es fuerte y los defensas están muy bien preparados tanto en lo físico como en lo táctico.

Paciencia, que el chico promete.

Tomas Plaza
AS

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Dando la cara

robinho y tomas guasch

El mano a mano Robinho-Nihat lo ganó el turco. En Anoeta y bajo la lluvia, Nihat es siempre un peligro. No es que jugara el partido de su vida, pero su rapidez y movilidad complicó la existencia a la zaga del Madrid. Su equipo perdió dos puntos en un minuto, en cuanto Robinho dejó el terreno de juego. Su sustituto, Raúl Bravo, marcó el primer gol madridista, y, al instante, Zidane hizo el empate. Zidane ha vuelto a jugar bien bajo el diluvio, con todo en contra, por cierto.

Pero no conviene quedarse en la anécdota, se fue Robinho y marcó el Madrid, sino que debemos valorar el esfuerzo del brasileño como merece. Está Robinho dando la cara en solitario. Le han ido abandonando Ronaldo, Baptista, Raúl, no le ponen a Soldado, un ariete, a su lado… Y él pelea como si fuera un Supermán de 28 años, curtido en la Liga española.

Robinho es ahora un resistente; pronto será un triunfador. Grande.

Tomás Guasch
Diario AS

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Genio y figura

robinho

Cuando Zidane primero y Ronaldo, Raúl y Beckham después, abandonen el Madrid porque ha llegado la hora de retirarse, Robinho y Sergio Ramos empezarán a ser los veteranos. La gran inversión de esta temporada es en dos jugadores que, dentro de diez años, seguirán siendo fundamentales. Y digo todo esto porque alguien debería prevenir a Robinho de tal circunstancia. Viéndole jugar, parece que está disputando su último partido. Y le queda más de una década para disfrutar. Esa ansiedad le priva de darnos lo mejor que lleva dentro. No hay que marcar dos goles cada partido…

El punto de serenidad tiene que adquirirlo de lunes a viernes. Los fines de semana no importa que siga pasado de revoluciones. Luxemburgo se equivocó no permitiéndole tirar un segundo penalti, tras fallar otro antes. Igual el equipo lo agradeció, porque el chaval debía estar de los nervios. Pero hay que ser un jugón, como lo es él, para pedir tirarlo. Y cuando alguien tiene ese ramalazo de vergüenza torera, hay que darle carrete, incluso poniendo en peligro el resultado. El Santiago Bernabéu silbó el cambio. Ayer no era el día para sacar del campo al brasileño. Esas sustituciones, cuando meta tres goles. Pero no el día que falla. Por cierto, Robinho triunfará.

J.J Santos
Diario AS

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“Papá, patéalo tú”

Veo al Madrid un poco confundido, sobre todo en el medio campo, donde no se produce fútbol. Se ponen ganas, que no es poco, garra y corazón pero muy poca imaginación. En la segunda mitad se encontró la claridad cuando Guti se tiró hacia atrás en lugar de Diogo para meterle bolas a Raúl y Robinho con mucho peligro, como en la jugada del primer penalti. Robinho me gustó a ratos. El triunfo lo consiguió él porque a él le hicieron los penaltis, aunque el primero no fue.

En el segundo demuestra que es un crack y que tiene mucha personalidad porque errar una pena máxima y a los cinco minutos volver a buscar de nuevo el cuero con esa insistencia, eso es un gran detalle. Otro se hubiese escondido. En esas cosas que hizo el brasileño en esos minutos demostró coraje pero también inseguridad. Tiene ganas de agradar y creo que demasiadas prisas por triunfar. Roberto Carlos lo convenció correctamente para que no lanzase el segundo porque su experiencia es mucha y no quería que el chaval estuviese presionado en caso de volver a fallar. Él le dijo: “Te quemarás si no lo conviertes y yo te tengo que proteger, así que no lo lances, no es tu responsabilidad”. El pequeño Robinho respondió: “¡Papá, patéalo tú!”.

Hugo Gatti
Diario AS

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El Heredero de Pelé está vivo

robinho en brasil

Pasarse una docena de madrugadas durmiendo en el sofá de casa en posición fetal para ver a Robinho exhibirse con el Santos, sirvió para algo. Al menos, para haberme resistido a aceptar como válidos los mensajes alarmistas de aquellos que no hicieron semejante sacrificio: “Tomás, este Robinho es un paquete. Ni se va de nadie ni mete miedo. Os han metido un gol de veinticinco millones de euros”. Yo, firme al ademán, respondía con el orgullo blindado por la experiencia: “Ya me contarás dentro de un mes. Cuando se quite el síndrome de Estocolmo y se sienta un madrileño más, te dejará con la boca abierta”.

La lesión de Ronie ha servido para que el chico despierte. En el Santos era el faro, la brújula y el timón del equipo. A pesar de sus tiernos 21 años era el comandante en el campo, la afición le hacía la ola y firmaba tantos autógrafos como Beckham. Pero aquí se ha sentido como el acomodador de los entrañables cines de barrio, conformándose con recibir una propina después de un par de regates o un autopase interesante. Robinho ha estado opacado por su ansiedad y su afán por no soliviantar al núcleo duro del vestuario. Pero en Sevilla ya salió del cascarón, se olvidó del guión y dejó dos pinceladas con denominación de origen. Un crack.

Tomás Roncero
Diario AS

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Hipnotizados por Robinho

robinho

Robinho no la pedía. Robinho no buscaba la pelota. No se ofrecía. Se movía contra la jugada. El partido discurría por un cauce que no era el suyo. Estaba en Sevilla, en Heliópolis, ante un graderío irritable. La gente se metía con el árbitro. Disparaba insultos. Pitaba. Pitaba a todos los que llevaban camiseta azul y, sobre todo, a Sergio Ramos y a Robinho. Al sevillano más, porque el brasileño apenas tocaba la pelota. El brasileño hizo como su compatriota, como Ronaldo. Esperó y miró. Y vio algo. Vio a Nano. Un zurdo pálido de rostro infantil que ayer sustituyó a Juanito en el centro de la defensa. Fue la epifanía. La revelación. Robinho había encontrado a su hombre.

Robinho casi no entró en juego en la primera parte, salvo para regatear un par de veces a Rivera y Varela. Daba la impresión de que el chaval, que tiene 19 años, había entrado al campo, como dice la megafonía del estadio de Heliópolis, “la pradera verdiblanca”, para emprender una larga retirada. Pero no. Esas impresiones eran un espejismo. El chico de Río había viajado a Sevilla para tirar un misil. Lo supo la multitud cuando Raúl recibió la pelota de espaldas a la portería, fuera del área, se giró y se la dio a su compañero cortita y al pie. Robinho estaba de frente al arco, pisando la medialuna. Levantó la mirada, apuntó sin crisparse y emboquilló la pelota junto al palo izquierdo de Doblas. Con un gesto suave y flexible que no encontró respuesta. Su hombre, Nano, estaba erguido ante él, dulce y tierno, atento a las botas de Nike, concentrado en el acordonado, o en el forro de cuero color plata-astronáutico, o algo así. Montado en una nube. Hipnotizado.

El gol de Robinho sacó al Madrid de una situación crítica y proporcionó tiempo a su entrenador y amigo Vanderlei Luxemburgo (como en la noche de la victoria contra el Athletic). Se abrazó a Diogo, a Sergio Ramos, a todos. Y levantó las manos señalando al cielo.

Diego Torres
El País

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