Pablo Garces



Archivo de 'Champions League'

Del vértigo al suspense para palmar como de costumbre. El Madrid vivió otro funeral en Múnich (2-1), esta vez con la impronta de un gol relámpago en contra y un penalti que mantuvo el suspense hasta el último segundo. El plan ultradefensivo de Capello saltó por los aires en el primer minuto con un Bayern que fabricó más ocasiones que fútbol. Los blancos nadaron hasta morir en la orilla con el gol anulado a Ramos. Capello no tiene más créditos.

Un falta de concentración infantil de Roberto Carlos, dos toques del Bayern, y el Real Madrid en la lona, como un boxeador sonado, a los 10 segundos…. Y el plan ultradefensivo de Capello roto en mil pedazos. Lo nunca visto, la crónica de otro funeral en Múnich, esta vez por vía urgente.

Una lástima que a Capello le faltó ese mínimo de grandeza que tuvieron algunos de sus jugadores. El ‘Doctor italiano’, que planeó una batalla de supervivencia a la defensiva, no tenía plan alternativo alguno. Si había alguna idea original, ésta no era más que resistir por amontonamiento, colgados del larguero, al estilo Maguregui. Había dejado a Guti en el banco, y al minuto del sopapo, lo puso a calentar. Fue el mejor de su equipo. Cierto, el día que se inventó un trivote defensivo (Gago, Emerson y Diarra), le fue inservible en defensa desde el primer minuto. A improvisar: los que mejor jugaron salieron de su banquillo.

El caso es que el Madrid de menos jerarquía que ha pasado por Múnich perdió con un Bayern de mentira, un grande enfermo que tampoco asusta a nadie. Eso sí, con tan escaso fútbol no se pueden tener más ocasiones. Casillas sigue camino de la beatificación, salvó un puñado de goles.

El ‘capellismo’ dispuso de balón, pero lo utiliza a ratos y defensivamente es una ruina andante. Su fútbol raquítico sólo se sostiene cuando algunos peloteros se asocian y Casillas trabaja de superhéroe a tiempo completo.

El de Mostoles sacó cuatro goles cantados en llegadas puntuales de los alemanes, que venían de un Podolski y Salihamidzic sacando ventaja del desgastado Roberto Carlos, que vive de los recuerdos. Nunca Hitzfeld hubiese imaginado un escenario de arranque tan cómodo. El Bayern tuvo el absoluto dominio de la situación y se limitó a picar en contragolpes hasta que el Madrid sacó orgullo en los últimos 10 minutos del primer acto.

Lo rescatable del Madrid llegó al final de cada tiempo, cuando se difuminó la parálisis y Guti empezó a marcar los tiempos. El peligro blanco llegó en una triangulación entre Higuaín y el 14 y en un remate manso de cabeza de Van Nistelrooy tras un otro envío preciso de Guti, de los únicos que diseñan fútbol en esta mentira blanca. Se funciona a impulsos, sin un líder -a Gago le faltan aún mucha mili- y con un entrenador que tiene a medio plantel y a la afición al borde del manicomio. Y así les luce el pelo.

La segunda mitad arrancó como un calco la primera, sólo que esta vez Casillas sacó un limpio mano a mano a Van Bommel tras otro agüjero negro en el centro de la defensa. De mofa. Pasado el susto, se tiro de orgullo, la pelota fue suya y empezó ya a dominar a un Bayern más inseguro. Guti se asoció con Raúl, Cassano, con mucho más talento que Higuaín, y Raúl. Pero el Bayern, sin nada del otro jueves, picaba de vez en cuando -ocasión para Schweinsteiger- por la endeblez endémica de los blancos. Así, hasta que en un córner, Lucio, en un calco al gol del Bernabéu, remató de cabeza a la red.

El Madrid se levantó de este segundo castigo como pudo, como los condenados a muerte que se rebelan contra su destino. Funcionó a ratos por las invenciones del dúo Cassano-Guti y la movilidad de Van Nistelrooy y Raúl, perros viejos que se negaban a hincar la rodilla, pero lejos de sus mejores días. Capello se acordó de Robinho y se obró el milagro cuando el brasileño tropezó con Lucio y se fue al suelo en el área. Picó el árbitro. El italiano, que ya contaba los días para firmar el finiquito, volvía a tener un crédito extra, mínimo. Van Nistelrooy ejecutó el penalti y Van Bommel y el inservible Diarra se iban a la calle por una trifulca. A un gol de la heroica. ¿El milagro? Pero la esperanza que se difuminó cuando el árbitro anuló un golazo de Ramos por haberse apoyado en el brazo para el control. La muerte fue con honra, pero no por ello menos dolorosa. Capello se queda sin discurso.

Ángel González (El Mundo)

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Una buena primera parte -con Beckham y Raúl impecables- no sirvió al Madrid para cerrar la eliminatoria frente al peor Bayern que ha pasado por el Bernabéu. Los blancos derramaron el botín (3-1) cuando el ex barcelonista Van Bommel cobró el miedo al triunfo tras el desfondamiento general -3-2, acompañado por un deplorable corte de mangas- que deja los cuartos en peligro y a Capello con ganas de dimitir.

En el choque de ruinas andantes, el Madrid no salió fortalecido como debiera ante el Bayern más flojo -en casi todos sus elementos- que ha pasado en su historia por el Bernabéu. Ni Lahm, ni Podolski, ni Makaay… Un poquito de Pizarro y los arreones de Hargreaves. El colectivo alemán está tieso como la mojama, con una defensa de mentira, y un portero, Oliver Kahn, que debería ser ya espectador en vez de protagonista. El viejo león debería verlos por la tele porque pese a su estirada en un libre directo de Beckham alguna vez se le va a caer el larguero encima. Sobrevivió el colectivo de Hitzfeld porque el Madrid se quedó sin gasolina, desfondado y porque ya no cuenta con dinamita arriba para matar a la contra.

El caso es que al público se le ofreció algo más que la incomestible mortadela de los últimos tiempos y se lo pasó pipa unos 50 minutos. Era verdad: un rato de fútbol. No es que se le ofreciese el pata negra del que Capello presume de gran catador sino, al menos, una racinocita aceptable de jamón de bodega. Ayudó en la mejoría tanto la actitud general del grupo, no tan mortecina ni pusilánime, como el orgullo de la vieja guardia. Impecable el trabajo, esta vez acompañado de más eficacia, de Raúl y Beckham. Y más fluidez con Gago y Roberto Carlos asociados a Guti. Se contó con más acierto del inagotable Raúl y con un espléndido partido de Beckham, hasta hace poco el exiliado forzado por Capello.

La partida comenzó con un Madrid atrincherando al Bayern. Porque este Bayern se deja intimidar y porque hubo más movilidad y ganas que en los cinco últimos partidos juntos. Los errores defensivos de los alemanes, con Lucio de garbeos continuos hacia arriba, y sus compinches blanditos como la gelatina, hicieron el resto para que el Madrid tomara altura. El primero gol, precedido de un aviso de Van Nistelrooy, llegó tras un esplendido pase del holandés para un desmarque de ruptura de Raúl de los que casi ya ni se recuerdan. El delantero aprovechó un mal rechace del viejo Kahn para clavar la primera daga al grande de los pies de barro.

La culpa del empate la tuvo el Madrid, que perdió terreno y se olvidó de lo principal, de tener la bola, de imponer su jerarquía. Como le sucedió en largos tramos del segundo periodo. A Gago aún le vienen un par de tallas grandes estos pulsos y se demostró cuando el Bayern se lanzó hacia arriba como pudo. Se notó cuando Guti se descargó de labores de zapa. El caso es que Sagnol colgó el balón de falta y Cannavaro persiguió al rival en vez del balón con lo que Lucio se encontró sin oposición para clavarla. La estirada de Casillas, insuficiente.

Fueron minutos en los que ambos equipos amenazaron con escenificar su deplorable estado hasta que Beckham y Raúl, con ayuda de Guti, tomaron el mando para que no se desmadrara. Dos jugadas a balón parado, acompañadas de píldoras de entendimiento, terminaron con el balón dentro -el primero de Helguera y Raúl a pachas, y otro de Van Nistelrooy- ante la parsimonia y la modorra alemana a la hora de defender jugadas de estrategia.

El Madrid cedió peligrosamente la pelota en el segundo acto, como si tuviera miedo al triunfo. Y lo acabó pagando. Capello dio descanso a Roberto Carlos -bien en su regreso- y dejó en el banco al errático pero móvil Higuaín. Entró el también móvil pero ansioso Robinho y nada cambió. El brasileño quiere demostrar en cada jugada que es el Pelé que se anunció a bombo y platillo y así es imposible. La ansiedad por un entrenador que lo tiene bajo sospecha amenaza con acortar su estancia en el Bernabéu.

El Madrid se agarró a Casillas para mantener el resultado ante las cada vez más insistentes llegadas alemanas
. Van Bommel y Hargreaves estaban cada vez más libres y Sahlihamidzic no se cansó de hurgar por la derecha. Casillas sacó un par de manos milagrosas a Pizarro y Schweinsteiger hasta que Van Bommel cazó un disparo desde la frontal con toda la defensa blanca al ladito de su portero. Demasiado miedo. El ex barcelonista soltó la euforia con un deplorable corte de mangas al estilo de la célebre butifarra de Giovanni. Al Bernabéu se le agrió el triunfo. Y Capello sigue con ganas de dimitir si le sueltan la pasta aunque no se niegue hablar al respecto.

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Genio al rescate. Ronaldo salvó sobre la bocina el experimento cantera-suplentes de Capello ante la cenicienta del grupo (2-2). El Dinamo Kiev, sin alardes, aprovechó los errores de una defensa experimental para tener al Madrid dando tumbos 85 minutos. La ‘chiquillería’ poco más que dio la cara. Sólo Beckham y Ronaldo, que llevaba sin marcar dos años en Champions, lucieron juego y orgullo.

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El Olympique de Lyon inició el camino hacia una nueva humillación al Real Madrid, pero la casta de los blancos cortó el paso del excelente equipo francés, el mejor del grupo E y uno de los grandes de Europa en la elaboración del fútbol. Así, los de Capello pasaron, con mucho esfuerzo, del 0-2 de la primera media hora al 2-2 final.

Y pudo ganar el Madrid. Ruud Van Nistelrooy falló un penalti que habría supuesto la victoria local, aunque no la primera plaza del grupo, que era lo que se jugaba en el Bernabéu. El equipo de Gerard Houllier ha demostrado, allí y aquí, que es mejor. Aunque le fallara la receta de frenar a un equipo madridista repleto de rabia para remontar un resultado muy adverso a las primeras de cambio.

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A falta de acierto propio en el remate, el Madrid se sirvió de la empanada mental transitoria de un rival, Banel Nicolita, para ganar al Steaua por 1-0 en el Bernabéu y certificar su pase a octavos de final de la Liga de Campeones, a falta de dos partidos por disputarse en el grupo E de clasificación.

El Steaua vino a vengarse de la humillación del partido de Bucarest, ese 1-4 que dio vida a un Real Madrid medio sonado. Salió a presionar con fuerza y dureza en el centro del campo, envalentonado por la animosa parroquia de los 15.000 rumanos que consiguieron localidad. El equipo de casa tardó 45 minutos en gobernar el partido, 70 en traducir en gol su superioridad tras el descanso -en propia meta, del desafortunado Nicolita- y más de 90 para dejar de sufrir.

El equipo español mejoró notablemente tras la reanudación, en la que consiguió zafarse de la presión rumana, intimidar con su despliegue ofensivo, reestablecer la conexión Guti-Robinho y aprovechar el tacto sublime de Beckham, que reemplazó a Diarra en el último tramo. Gracias a estos factores añadió a su baúl de oportunidades de gol dos de Helguera, otra de Robinho, una de Raúl y otra de Van Nistelrooy, que dejó su puesto a Ronaldo justo después de desperdiciar un penalti. Por cierto, el brasileño iba a ser titular, pero una tortícolis súbita y mañanera hizo recitificar a Capello. Esta es, al menos, la versión del técnico italiano.

Hasta el descanso, Guti fue borrado del mapa de este partido por la abigarrada tropa de Cosmin Olariu. Las bicicletas de Robinho, que comenzó hiperactivo, fueron retrasándose y retrasándose hasta convertirse en inútiles. No lo son en las inmediaciones del área rival, pero sí cerca de la línea central.

Los rumanos resolvieron la mitad del trabajo: anular al Madrid y evitar su poderosa pegada a la contra. Les faltó la otra parte, la de golpear con contundencia, de la que carecen, entre los palos de Casillas. Llegaron en numerosas ocasiones, ensayaron una decena de disparos en la primera mitad, tres al espacio que defiende el portero, sólo uno con verdadero peligro. Terminaron retrocediendo, aunque sin rendirse nunca, por la lógica merma de facultades físicas.

Las facultades anímicas del Steaua se derrumbaron con el gol tonto de Nicolita. En terreno que no le pertenece, el de la defensa, cedió un balón a su portería sin darse cuenta de que el guardameta estaba fuera de ella, a 10 metros, junto a la línea de fondo. El balón rodó mansamente y se instaló en el marco con algarabía madridista.

El Real Madrid sigue sin emocionar. Saca los partidos con chorros de sudor. En este caso padeció más aún por su mala fortuna para resolver jugadas clamorosas de gol, que normalmente entran. Avanza entre dudas y bostezos. Pero se mueve siempre hacia adelante.

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Parece que el revolcón de Getafe espoleó el orgullo blanco a tiempo, a escasos días del clásico. Goleada necesaria para el ánimo y la clasificación ante un Steaua menor (1-4). Ramos hizo de espoleta con la cabeza, Robinho coronó su estupendo partido de desborde con un gran gol y Van Nistelrooy, cuando los rumanos empezaban a creer en milagros por su golito , cerró el ejercicio de autoestima con una obra cumbre por la sutileza y la inteligencia de su vaselina.

¡Qué diferencia! El Madrid remontó su vuelo rasante en vísperas de la prueba más exigente ante el Barça. Después de la ‘caraja’ general de Getafe, los blancos se reconfortaron tanto más que por el resultado por la forma de conseguirlo. Da casi igual que fuese un Steaua que ya no asusta a nadie por Europa. Al Madrid tampoco le sobra jerarquía ahora para retar a gigantes.

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Real Madrid 5 - Dinamo de Kiev 1

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Reyes prendió la mecha y Raúl recuperó autoestima y puntería con dos goles tras no ver puerta desde el pasado 26 de octubre. El Madrid aparcó el desastre de Lyón con una goleada de fiesta a un blandito Dinamo de Kiev (5-1), que también acumuló un puñado de llegadas. Buenas y no tan buenas noticias para Capello: Reyes demuestra que debe ser titular desde ya y Raúl tiene siete vidas. Lo malo es que el Madrid demostró una injustificable debilidad defensiva.

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