Real Madrid 4 - Rosenborg 1
Archivado en Champions League el 20 de Octubre, 2005 |
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Un ligero arreón le bastó al Madrid para marcar la distancia con un rival, el Rosenborg, al que le dio 45 minutos de ventaja. Justo el tiempo que tardó Luxemburgo en desplegar el plan A, el que incluye a Guti en las segundas partes. Es curioso, pero el brasileño se ha especializado por una puesta en escena en la que prevalece el plan B -el que envida por el actual Zidane para homenajear al inolvidable Zidane-. Ocurrió ante el Atlético, se repitió ayer y será una lata en el futuro si una conjura astral no lo remedia.
Con Guti de costurero y un mayor empeño colectivo, el Madrid le dio un repaso considerable al Rosenborg durante el segundo tiempo. Lo mismo dio que Ronaldo estuviera herido. Sin el carpanta brasileño, al Rosenborg le podía zurrar cualquiera que se lo propusiera. Del resto ya se encargaban los propios jugadores escandinavos, un equipo ramplón y con defensas de plastilina. Con un poco de adrenalina, era la noche perfecta para quien quisiera reivindicarse. Caso de Woodgate, que, por fin, tuvo su día de gloria en el Madrid. Del inglés se sabía poco. Al menos en el campo, no en la enfermería, de la que ha sido paciente habitual. De Woodgate en el césped no había más noticias que los dos goles que hasta la fecha se había marcado en propia puerta. La maldición de Spasic murmuraban ya los más pesimistas. Pichichi Woodgate, decían con sorna en el vestuario. Pero anoche, ya en serio, se ganó el apelativo: Woodgate anotó el empate que lanzó al Madrid hacia la goleada. El inglés, con toda justicia, lo festejó con quien ha sido su gran compañero de fatigas desde que llegara al Madrid: el doctor Del Corral.
































