robinho Un Robinho sin adornos, un Robinho eficaz

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Reportaje dedicado a Robinho en “El Mundo”

Cuando surgió en el fútbol, era apuntado por muchos como “El nuevo Pelé“, pero esa expectativa quedó frustrada por decepcionantes temporadas en el Real Madrid y el Manchester City. Ahora, con la selección brasileña en el Mundial de Sudáfrica, Robinho demuestra que sabe reinventarse.

La polivalencia de Robinho apareció en el debut de Brasil en Sudáfrica, cuando Kaká, que se recuperaba de una lesión en el muslo izquierdo, debió abandonar la cancha al promediar el segundo tiempo del partido contra Corea del Norte. El delantero cedió su puesto a Nílmar y se puso más atrás, para cumplir la función de “alimentador” del ataque que cumple el astro del Real Madrid. Su buen desempeño sorprendió a sus compatriotas y complació a Dunga: “Estoy muy feliz por el crecimiento de Robinho“.

A los 26 años de edad y uno después de haber formalizado su unión con Vivían, su novia desde la adolescencia y madre de su hijo, de dos años y medio, el delantero parece dispuesto a dejar atrás la fama de jugador de fútbol vistoso pero poco efectivo que durante su estancia en el Real Madrid generó el apodo de ‘triatleta’: “Primero corre, después hace una bicicleta y luego… nada”

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robinho Robinho ya no vive del engaño

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Reportaje dedicado a Robinho en El País

Aunque nunca le abandona la sonrisa, a Robinho solo le faltan las maracas para ser nominado el futbolista más dichoso de la Copa del Mundo de 2010. Nada mejor que la expresividad de Robson de Souza (São Paulo, 1984) para dar la bienvenida a los visitantes en el Randburg High School, a pocos minutos de Johanesburgo, sede de la concentración de Brasil. Robinho es una bendición para el hincha, para el telespectador y para la prensa.

Dunga intimida mucho por su cara avinagrada y quien puede le evita en la sala de prensa. Luis Fabiano no para de patear después de contar seis partidos sin meter un gol. Y Kaká continúa ensimismado, incapaz de descubrir si su dolencia es espiritual o común a la de cualquier futbolista: un día se habla de la pubalgia, al otro se señala al aductor izquierdo y de vez en cuando responden: “Molestias musculares”. Un misterio. La melancolía de Kaká contrasta con la alegría de Robinho, convertido hoy en el máximo exponente del jogo bonito, el genuino representante del fútbol brasileño, el único rostro amable de un equipo militarizado. “El comandante Dunga decidirá“, contesta Robinho cuando se le pregunta sobre la posibilidad de que sustituya a Kaká como organizador del juego después del buen rendimiento ofrecido en el partido contra Corea del Norte.

Kaká jugó nuevamente muy mal, fue otra vez sustituido y hasta el encuentro siguiente se continuará debatiendo sobre su posible suplencia. La misma rutina se repite en la vigilia del encuentro ante los Elefantes de Costa de Marfil, que lidera Drogba. Apagado Kaká, el protagonismo del estreno lo asumió Robinho, que se arrimó a la banda derecha para combinar con Maicon y Elano y asistir al propio Elano para que marcara un bonito gol. Robinho, que viste el 11, jugó un rato de 10 y estuvo lúcido, sobre todo en comparación con Kaká. ¿Y porqué Robinho no juega por Kaká?, se preguntan los analistas brasileños. “Por mí, no hay problema por jugar un poco más retrasado”, confiesa; “ya lo hice y lo hago ahora en el Santos. Podría entrar y que Nilmar jugara con Luis Fabiano. Seríamos más ofensivos. Pregunten a Dunga”.

A Dunga no parece seducirle mucho la idea porque el sustituto natural de Kaká es Baptista. Ocurre que el equipo estuvo tan apagado en su debut que no se descarta que el seleccionador recurra a Robinho. Julio César, en cualquier caso, advierte: “Puede que nos venga mejor para nuestro juego un rival como Costa de Marfil”. El portero sabe muy bien que su equipo prefiere contragolpear para imponer su velocidad antes que atacar. El puesto es sagrado en Brasil y exige mucha responsabilidad, características que no parecen responder al perfil de Robinho, un futbolista cuya carrera está siendo muy controvertida. Hay en la federación brasileña quienes piensan que Robinho está en buen momento y hay que disfrutar de su estado de forma más que en darle nuevas obligaciones. “Lo que quiero es ayudar a Brasil a ser campeón”, dice él.

Robinho piensa que el bien colectivo le ayudará individualmente si sale con la Copa de Sudáfrica. “No quiero ser mejor que ninguno de mis compañeros”, remacha en un mensaje que agradece Dunga, siempre tan cuadriculado, en la sala de prensa y en el banquillo, poco dado a la fantasía, como si necesitara recrear la escenografía del 1994, en Estados Unidos, cuando fue capitán del Brasil campeón. “Hace un año me pedían que no le convocara porque jugaba mal”, alega Dunga, “y ahora resulta que la alineación debería empezar por Robinho”. Aunque el invierno de Johanesburgo puede recordarle su estancia en el Manchester City, Robinho se siente ahora más futbolista que nunca, dispuesto a poner fin a su rebeldía, la misma que le llevó a forzar su salida del Santos al Madrid, del Real al City y de la Premier de vuelta a Brasil.

La pregunta es hasta qué punto ha madurado Robinho a sus 26 años después de ser compañero de barra de Ronaldinho, Ronaldo y Adriano, de acudir a más de una fiesta cargado de camisinhas (profilácticos), de ser más músico que futbolista. Ahora ya no mezcla la fiesta con el fútbol. La jarana que tuvo la concentración brasileña en Alemania nada tiene que ver con la reclusión de la canarinha en Sudáfrica. También ha dejado de soñar con ser el sucesor de Pelé. Hoy, simplemente, se cuestiona si puede ser el sustituto de Kaká, el balón de oro de 2007, o, por el contrario, le conviene más progresar como Robinho.

Desde hace un tiempo, Robinho no solo pedalea ni se arranca con sus trucos, sino que también es capaz de meter un pase de gol para Elano. Ve el futbol de otra manera y es más feliz en Brasil que cobrando 15.000 euros semanales en el Manchester City, el club que le tiene cedido al Santos después de pagar 40 millones de traspaso al Madrid. Robinho ya no vive del engaño ni quiere que le tengan engañado: “Yo, lo que diga el comandante Dunga”.

robinho Inglaterra ya conoce la otra cara de Robinho

robinhoRobinho enamora a primera vista. Es lo que tienen los brasileños, esa cualidad exclusiva que les permite transmitir como nadie la alegría del fútbol. Un par de intervenciones suyas bastan para comprender que sobre el césped, da igual el país, antes que la capacidad de sufrir, lo importante es ser feliz. Y eso, una estrella del aquel país sólo lo consigue con los pies, ya sea pisando un balón o una pista de baile -valga la excepción de Kaká como excepción que confirma la regla-.

Robinho no es muy distinto de Romario, Adriano, Ronaldinho o Ronaldo, su mentor en el Real Madrid, todos herederos de Garrincha, el ejemplo más extremo de un talento desaprovechado, de primero la vida, el fútbol después. Ninguno ha demostrado una afición por el alcohol como el diminuto Mané, caso que si encuentra comparaciones en el Reino Unido con George Best o, más recientemente, Paul Gascoigne.

Lo de Robinho y muchos de sus compatriotas no es un problema de adicción a la bebida sino de una actitud indolente en el entrenamiento diario, de una desconexión total de los partidos cuando no se sienten cómodos y una falta de compromiso cuando las cosas se tuercen.

Todo eso lo han detectado ya su entrenador y algunos de sus compañeros en el Manchester City, el equipo al que llegó procedente del Real Madrid tras protagonizar el traspaso más caro en la historia del fútbol inglés. Mark Hughes, jugador de raza en el Manchester United, el Barcelona y el Bayern, entre otros, dirige hoy al equipo presidido por el multimillonario Khaldoon Al Mubarak. Ya ha mostrado su descontento con su estrella. Los responsables de Abu Dhabi, informa ‘The Guardian’, han decidido darle un ultimátum hasta el final de temporada. O muestra una mayor dosis de profesionalidad, o el club le buscará una salida. Y la preferida sería el Chelsea, al que ofrecería además una cantidad indeterminada de dinero por cumplir el viejo sueño de traer a John Terry.

Robinho sigue contando con el apoyo masivo de la grada, pero sabe que los dólares árabes son capaces de hacer olvidar de un plumazo a su primer gran ‘crack’ con un cheque listo de 225 millones de euros que apunta a David Villa, Thierry Henry y Frank Ribery, entre otros. Nadie duda que, como afirman desde el City, podrían duplicar la ficha de Terry, el jugador mejor pagado de Inglaterra y el capitán que, según Hughes, aportaría el orden y mando necesario en un equipo dependiente en exceso de la inspiración de su jugador mediático.

A pesar del descontento general, Robinho sigue siendo el jugador más productivo de su equipo con 12 goles en 27 encuentros. Insuficiente, más aún en la Premier, para gozar de privilegios. Su escapada a Brasil para celebrar su 25 cumpleaños cuando el equipo se encontraba concentrado en Tenerife supuso el primer roce con su actual club, del que tampoco ha aceptado el código de conducta en la vestimenta y al que mantiene en vilo desde que el pasado enero lo detuvieran por su supuesta participación en una agresión sexual durante una noche loca en Leeds.

Uno de sus compañeros le acusa, además, de un “ausencia total de esfuerzo” y muchos otros califican como arrogante su comportamiento en las reuniones de la plantilla. En una de las últimas citas, solicitó a todos que corrieran más y así él poder marcar más goles.

El Mundo

robinho Robinho, los árabes y la ambición

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Artículo de John Carlin en el diario El País

robinhoRobinho de lo que no carece es de ambición. Esta semana declaró que su objetivo sigue siendo el mismo que cuando llegó al Real Madrid desde Brasil hace tres años: ser el mejor jugador del mundo. Bien, pero por más que haya muchos madridistas lamentándose de que se haya ido en verano al Manchester City (lo que quizá diga más del actual estado del Madrid que de Robinho), la duda con el brasileño sigue siendo la de siempre. Está lejos de demostrarse su capacidad de influir de manera determinante en un partido tras otro a lo largo de toda una temporada.

En ese sentido, el brasileño encaja con el Manchester City a la perfección.

El club sueña a lo grande desde que la familia real de Abu Dhabi compró el club y a Robinho (por similares cantidades) a principios de temporada. Pero sobre el campo no hay ninguna regularidad. El equipo -a mitad de tabla, no lejos de la zona de descenso- hace un gran partido en uno de cada siete encuentros, y en los demás desaparece. Es decir, como Robinho, que pasó su etapa madrileña alimentando enormes expectativas pero la sensación que dejaba era de hambre y frustración.

El que no encaja para nada con los nuevos dueños del club, pobre hombre, es el entrenador, y ex jugador del Barcelona, Mark Hughes. Su ambición no cuadra con la de los árabes; sus sueños no van más allá de conquistar el cuarto puesto de la Liga de aquí a un par de años. Mientras que los sueños de los árabes, como los de Robinho, apuntan a lo más alto; a convertir al City en un club más grande y más exitoso no sólo que el vecino United, sino también que el Real Madrid, el Barcelona o el Milan.

A Hughes le queda grande todo esto. Y en el fondo lo debe de reconocer. Es un poco como el caso de Ramón Calderón, que nunca se ha acabado de creer que tiene madera para ser presidente del Real Madrid. En Estados Unidos esto se llama el síndrome del impostor. Hughes sabe, en su corazón, que no nació para un destino tan grandioso como al que aspiran sus jefes, los hombres más ricos del mundo.

Uno de ellos, Sulaiman Al-Fahim, el que se encargó de las compras del City y de Robinho, declaró de manera algo ominosa la semana pasada que tenía una visión “algo diferente” a la de Hughes. El entrenador había revelado su intención de intentar fichar en el mercado de invierno al delantero del Blackburn Roque Santa Cruz, al lateral izquierdo suplente del Chelsea, Wayne Bridge, y a Lassana Diarra, del Portsmouth. El plan de Al-Fahim es fichar a Cristiano Ronaldo, Fernando Torres y Cesc Fàbregas. Cuesten lo que cuesten, le da igual.

Lo mismo en el caso del entrenador. La noticia que se filtró hace diez días sobre el posible sustituto de Hughes tenía una cierta, alocada credibilidad. Se dijo que los árabes del City querían convencer a José Mourinho para que dejara el Inter de Milán a cambio del sueldo más grande de la historia del fútbol, 18 millones de euros.

Está claro. Hughes no acabará la temporada en el City. El peligro que los árabes, más ricos que prudentes, quizá no hayan detectado es que, si traen a Mourinho, puede que Robinho siga a Hughes por la puerta de atrás. Al portugués no le gustan las estrellas fugaces. Hasta ahora el brasileño no ha sido más.

robinho Robinho necesitaba amor

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A continuación, un excelente reportaje de la BBC de Vladimir Hernández

La relación entre la grada y la cancha es una que marca a algunas estirpes de futbolistas. Hay una escena en la película Gladiador, de Ridley Scott, donde se explica esta dependencia. La protagonizan Próximo, el mercader de esclavos, y Máximo, el general romano caído en desgracia que se convierte en gladiador.

Luego de varios combates en los que Máximo se deshace -literalmente- de sus contrincantes con facilidad, la grada empieza a mostrarse insatisfecha. Próximo se lo explica todo el romano, con una frase más o menos así: “No basta con matarlos a todos, tienes que darles entretenimiento para que te quieran”.

Esta necesidad de amor de las gradas quizás define lo que puede hacer Robinho en la cancha.

Robinho llegó a Europa en 2005, nada menos que al Real Madrid. Era el enésimo “sucesor de Pelé” que lanzaba el fútbol brasileño.

El delantero venía del Santos, con el cual hizo maravillas desde comienzos 2002, lo que coronó antes de irse al Viejo Continente con un premio Balón de Oro.

A Robinho lo empezaban a calificar de ser como un triatlón: “corre, hace bicicleta y nada”, decían algunos. Pero el entusiasmo merengue pasó de absoluta emoción a decepción con el tiempo, pues el brasileño que fue vendido como un Mesías por la gerencia blanca no era la solución para resolver la crisis que atravesaba el club en la era “post-galáctica”.

La gota que derramó el vaso para Robinho fue cuando su nombre apareció como ficha de canje para traer a Madrid a Cristiano Ronaldo desde el Manchester United.

Ello marcó el adiós del brasileño del Santiago Bernabeu, durante unas turbulentas semanas de fin de verano en donde el delantero terminó en el destino menos esperado de todos: Manchester, pero para jugar con el “otro” club de la ciudad, el Manchester City.

No pocas cejas se levantaron cuando se supo que Robinho dejaba el Real Madrid por un equipo de mitad de tabla de la liga Premier.

El club merengue jugaba la Champions, el City la Copa UEFA. El Madrid pelearía por el título, el Man City por ser el quinto mejor, si acaso.

Sólo que por primera vez en mucho tiempo se puede apreciar ahora al Robinho que define partidos con la selección de Brasil en un equipo donde no tiene tanta presión.

Este último fin de semana el brasileño anotó su primer “hat-trick” de la campaña, en una mezcla de jugada individual y combinación con sus compañeros.

El brasileño no trae precisamente fama de ser jugador de equipo, por lo que sorprendió verlo puliéndole la bota al compañero que le había dado el pase para su tercer gol.

En la victoria 3-0 del domingo ante Stoke City, el Manchester disparó 11 veces a puerta, más que cualquier otro conjunto de la Premier. En eso influyó mucho Robinho.

El atacante ahora está escuchando el apoyo que tuvo mucho tiempo sin oír en Madrid. Y cuando él está feliz, ¿quién lo detiene?

Vladimir Hernández
BBC

robinho Robinho, Maradona y el Amor

robinhoTambién le quisieron con locura en el Real Madrid, al principio. Decían en Brasil que era mejor que el mejor Ronaldinho, y el Santiago Bernabéu se lo creyó. Pero las defensas empezaron a cogerle el truco y a veces el menudo brasileño daba la sensación de ser un prodigio de ocho años jugando en un partido de papás. Más talento que nadie pero un empujoncito, y adiós.

Se puso más fuerte, se cayó menos y ganó dos Ligas, pero en el Madrid nunca dejó de ser uno más. Llegaron incluso a ningunearle, desde la propia cúpula del club. Como si no hubieran entendido que, para rendir a su máximo nivel, Robinho necesita mucho amor; requiere, como ocurrió en el Santos de Brasil, que se le considere el indiscutido crack. Es todo eso, y más, en su nuevo equipo, el Manchester City.

Ídolo fuera del campo y líder dentro de él, Robinho fue Maradona el domingo pasado en la victoria 6 a 0 del City contra el Portsmouth en la Premier League. Marcaba, daba asistencias de gol, hacía virguerías dentro del área rival y dirigía el tráfico, con deliciosa soltura, en todos lados, todo el tiempo. Su entrenador, Mark Hughes, lo quitó unos minutos antes del final para que la afición del City le diera la ovación más grande desde tiempos de Francis Lee y Colin Bell, los míticos que llevaron al club a su último campeonato, en 1968.

¿Se arrepentirá el Madrid de haberlo dejado ir, aunque haya sido por la apetecible suma de 40 millones de euros pagados al contado por los nuevos dueños árabes del City?

Habrá que ver, primero, si mantiene el nivel. Si el derroche de amor que recibirá del estadio de Eastlands, infinitamente más sediento de talento que el Bernabéu, le dará alas para demostrar lo mejor de sí a lo largo de toda la temporada. La prueba llegará en los partidos fuera de casa, en Bolton y Sunderland, en el frío, el viento, y la lluvia de diciembre, enero y febrero.

Un incentivo que no tuvo en el Madrid, donde no fue ni de cerca el jugador mejor pagado de la plantilla, es que el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan le ha convertido en el futbolista mejor pagado del mundo. Hasta ahora, los demás jugadores de la plantilla parecen no resentirlo. Se los ganó, según Hughes, antes del primer partido de la temporada cuando les montó un circo con el balón en el vestuario. Todos aplaudieron. Y después han visto sobre el campo cómo Robinho les gana partidos y les hace jugar mejor.

Por ahora, es el ídolo de sus compañeros también. Así es como le gusta a Robinho. Si la cosa sigue igual a finales de temporada, si el City logra romper el dominio en la Premier League de sus vecinos del United, del Chelsea, del Arsenal y del Liverpool, esos 40 millones representarán una de las mejores inversiones de la historia del fútbol. Y en Madrid habrá muchos que se lamentarán. El consuelo que les quedaría, en ese caso, consistiría en tener la madurez de reconocer que a veces en el fútbol es necesario el traspaso de un jugador, por más brillante que sea, por el bien de él mismo, por el club que abandona, y por todos.

John Carlin
El País

robinho Manchester no es Madrid

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robinhoEl gris plomizo de Manchester es antagónico con la filosofía de vida de un brasileño. Las fiestas en el jardín de La Moraleja, el sol, la piscina, la samba, las escapadas nocturnas a las discotecas de moda de Madrid.

Todo esto pasa a mejor vida cuando uno elige como destino para vivir la ciudad de referencia del condado de Lancashire. Así es la nueva vida de Robinho. O’Príncipe empieza a darse cuenta de algunos daños colaterales que van unidos irremediablemente a su huida madrileña en busca de los petrodólares del City.

Robinho pasa las horas enclaustrado en su hotel. Hasta allí llego y pido su número de habitación en recepción, pero no hace falta. Aparece por el hall y con el dedo índice ya me avanza su negativa a realizar cualquier tipo de reportaje.

Se le ve diferente que en Madrid. Aunque en ningún momento rehuye el diálogo. Mira por los colosales ventanales del Hilton, parece buscar un rayo de sol que le alimenta su alma brasileña, pero nada.

Allí sólo pasan nubes y agua abundante que hace que el canal Bridgewater rebose cerca de la estación de Deansgate, en la acera opuesta del hotel. El brasileño apenas lleva diez días en Manchester, pues ha estado otros tantos con la canarinha, por lo que la adaptación no ha hecho nada más que comenzar.

robinhoPara colmo de sus males, su residencia se encuentra sitiada de policías por la convención del partido laborista inglés y los fotógrafos están apostados en cada esquina. Dar un paso fuera del hotel es una invitación a dar carnaza demasiado fácil para la terrible prensa amarilla inglesa.

Robinho tiene en su compatriota Elano a su cicerone en su aterrizaje en la Mancunia. Él es el encargado de recogerle en el hotel y acercarle hasta la localidad de Carrington. Pueblo donde se da la circunstancia que se ejercitan los dos equipos de la ciudad. Media hora en coche para llegar a unas instalaciones que muchos dirían que son más parecidas a un cuartel militar que a una zona verde. Allí, pasa el día, almuerza con sus compañeros y, después, rumbo al hotel. “Tengo la suerte de que aquí hay dos buenos amigos brasileños. Están muy encima de todo lo que hago y me dejan poco tiempo para aburrirme”, afirma con sinceridad Robinho.

Mientras, el resto del grupo parece algo fascinado por el boom que ha supuesto su llegada. El City ha pasado a ocupar todos los días minutos en todas las cadenas de radio y televisión.

Los tabloides le reservan una página para especular sobre el futuro del equipo y la sensación brasileña. “Por ahora se relaciona más con los brasileños, más por el idioma que por otra cosa. Va con ellos a todos los lados y con los demás se le ve bastante callado”, afirma el ex atlético Petrov, uno de sus nuevos compañeros en el City.

Pero todo ese ambiente industrial se queda a un lado cuando se pone el traje de futbolista. Es pisar el césped y la alegría se desborda. Así, en apenas un par de apariciones en la Premier, Robinho ya ha marcado dos goles y sus bicicletas empiezan a cambiar el sino de un equipo que no está acostumbrado a las alegrías.

Se ha ganado la admiración de su mánager, Mark Hughes, que no para de vanagloriar su juego y sus ganas de entrenarse. “Tiene una rutina de trabajo perfecta. Desde su llegada todo ha mejorado. Nos da alternativas y estoy seguro de que vamos a conseguir cosas importantes”, dice Hughes.

Pero cuando se apagan los focos y Robinho se monta en el coche de Elano ya no sale del Bernabéu rumbo a sus locales favoritos. La lluvia golpea con virulencia los cristales del coche. No era un sueño. Eso ya no es Madrid, está en Manchester.

Pepe García Capintero
Público

robinho Robinho, acorralado

robinhoRobinho es el jugador con más talento de la plantilla del Madrid. En la cancha, esto le convierte en el más impredecible. Fuera del campo, sin embargo, su destino resultó evidente. Orillado por el núcleo duro del vestuario, que vio en él al vicario de Ronaldo, y por los directivos, que le relacionan con la herencia de Florentino Pérez, el hombre nunca se sintió completamente partícipe de las últimas dos Ligas a pesar de haber cumplido un papel fundamental en cada una de ellas. Cuando hace un mes el Chelsea le ofreció cuadriplicar su contrato -en el Madrid gana 1,7 millones de euros- no lo dudó. Resolvió hacer todo lo posible por marcharse. Ése es su objetivo primordial en estos días. No le falta originalidad. Es, junto con Makelele, el único futbolista que ha pedido dejar el Madrid en la última década. Igual que Makelele, se siente mal pagado.

Robinho sólo jugó la ida de la Supercopa. Desde que empezó la pretemporada, se ha mostrado desganado. Poco interesado en permanecer en el club. Ha evitado los entrenamientos tanto como los partidos. Se ha sentido molesto en la medida en que el Madrid nunca le valoró tanto como cuando vislumbró que su traspaso podía servir de llave para el fichaje de Cristiano Ronaldo. Sus compañeros más representativos -Raúl y Casillas-, lejos de mostrarse comprensivos, se han apresurado a acusarle de falta de profesionalidad.

La consecuencia es que el Madrid ha retratado a su principal figura como a un tipo fatuo y codicioso, cuando lo cierto es que ocupa un lugar más bien marginal en la escala salarial y posee una capacidad poco común de análisis del juego. Robinho cree que ni sus compañeros, ni los directivos, valoran su esfuerzo. En las tres temporadas que lleva en el club ha sido el tercer máximo goleador sin jugar regularmente. El mercado avala su potencial. Es el único jugador de la plantilla por el que hay una oferta de compra.

Diego Torres, en El País

Este maravilloso artículo lo escribió uno de los mejores periodistas de El País, el diario más leído de España. Ramón Calderón y su equipo se han salido con la suya, este año el Real Madrid no disfrutará de Robinho ni estará ahí para hacer de un partido normal un partido explosivo.