Pablo Garces



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El buen brasileño

robinho diego torres

Artículo de Diego Torres, magnífico periodista de El País

Entre los preparadores del Madrid circula un estudio sobre la actividad cerebral. Ciertos científicos colocaron electrodos en el cuero cabelludo de individuos infiltrados como polizones en actos sociales que les eran completamente ajenos. Simultáneamente, conectaron electrodos a los cerebros de los concurrentes que sí habían sido invitados a las mismas fiestas. La actividad eléctrica cerebral de los extraños superó en muchos hercios a la de los integrados. La necesidad de aprender códigos nuevos disparó sus ondas electromagnéticas, síntoma de un desgaste mental y físico que en condiciones prolongadas puede causar enfermedades. En el Madrid analizan el estudio en la medida en que el extraño es análogo a cualquier fichaje nuevo. Todos los recién contratados están expuestos a un desgaste físico invisible, mayor cuanto mayor es la diferencia cultural. Robinho de Souza, que llegó a España con 22 años y sufrió diversas agresiones psicológicas, lo sabe bien.

El tercer gol del Madrid, el sábado en Huelva, es un reflejo de su superación. Corría el minuto 90. Gago le devolvió una pared demasiado atrás, estiró la pierna, atrapó el balón con el talón derecho, se lo acomodó sin alterar su carrera y, en plena efervescencia, en la culminación de un partido que fue como la guerra brava, puso el broche a la velada. Pisó el área y con un toque elegante emboquilló el balón por encima del portero. Todo en un solo gesto. Todo conectado. Todo en un swing.

Aparentemente, Robinho es un hombre totalmente integrado a la disciplina madridista. Sólo para quien observa determinadas liturgias se revelan los resabios de un pasado turbulento. Hay un detalle significativo: nunca celebra los goles con Raúl. Hasta ahora, nunca buscó a Raúl para festejar. Prefirió a los brasileños, a los argentinos, a Diarra o a Guti. El chico no olvida que, cuando llegó al club, en Brasil lo conocían como O Principe. Se ganó el epíteto por sus reminiscencias con Pelé y porque poseía una velocidad y una capacidad prodigiosa para el dribling. Sin embargo, el capitán le decía que tenía que regatear menos. Raúl le sugería concreción. En la fiesta del Madrid, el maestro de ceremonias le exigía que hablara un lenguaje incomprensible. De paso, le invitaba a dejar en un segundo plano los códigos que lo convirtieron en figura.

Ante la magnitud del dilema, Robinho sufrió un caso de estrés. Se atenazó. “Yo no veo que sea para tanto”, decía un veterano español del vestuario; “no me parece un crack”.

Fue natural que buscara la protección del grupo de Brasil. Se pegó a Luxemburgo, a Roberto Carlos y a Ronaldo. Agredido como se sentía por el sector conservador del vestuario, hizo piña con sus paisanos. Durante dos años vivió peligrosamente. Asistió desolado a la liquidación de cada uno de sus colegas protectores. Primero, el técnico, Luxemburgo, como un padre futbolístico para él. Luego, Ronaldo, su ídolo. Y finalmente, Roberto Carlos, una especie de padrino. Todos cayeron bajo la ofensiva que sucedió a Florentino Pérez. El nuevo presidente, Ramón Calderón; el nuevo técnico, Fabio Capello, y el restituido jefe del vestuario, Raúl, arrasaron con todo aquello que olía a exaltación brasileña. Sólo quedaron los brasileños tímidos. Baptista, a duras penas; Emerson, sólo unos meses, y Marcelo, por pura bisoñez. Las ondas electromagnéticas del cerebro de Robinho debieron calentarle el cráneo en aquellos días. “Me siento solo”, se lamentaba. Tenía la certeza de que, si el equipo perdía, él sería el primer acusado.

Ahora, Bernd Schuster, el entrenador vigente, ha decidido que el brasileño es su número uno. Sus dos goles en Huelva ratifican su importancia dentro del equipo. “Es fundamental”, dice el alemán, que le estima más que al propio Raúl.

Robinho y su gen teutón

Todavía no se han dado cuenta? Sí, hombre, sí, obsérvenle bien. Robinho es alemán. Ni fiestas locas ni batucada ni samba pa ti. Casi como aquellos oriundos melenudos que en los años setenta ‘descubrían’ a unos parientes lejanos en ciudades como “Osasuna” y “Celta” para hacerse pasar por españoles, el pequeño gran 10 madridista se ha visto obligado a apelar a su gen teutón escondido. Y lo ha hecho sin necesidad de inventarse un fantasma en la familia. Parecía imposible, pero ahora Robinho disfruta trabajando en domingo, en pleno enero, con el frío mesetario, fabricando goles y quiebros imposibles como si estuviera en una fábrica del Ruhr.

A su natural talento ha añadido velocidad, constancia, esfuerzo, eficacia y gol. Re-gu-la-ri-dad. Desde la orilla izquierda del Rhin del Bernabéu, este chaval de Santos que había empezado a exasperar a más de uno con sus intermitencias ha terminado por asentarse. La clave es Bernd Schuster, el entrenador que ha decidido arriesgar con el futbolista más desequilibrante de su generación y le ha ofrecido un puesto fijo en el equipo tras meses y meses de coquetear con la suplencia, con el recorte de su debut en Cádiz como única prueba de vida. Ahora Robinho, quizá liberado de alguna que otra mala influencia, superada ya esa absurda cantinela de su comparación con Pelé (ambos venían del Santos y poco más), arropado por un entrenador que confía en él y con el Pichichi y el título de la Copa América 2007 como aval, se ha convertido en una máquina perfecta de tecnología punta.

Y mientras sus compatriotas ponen cara de saudade y buscan el sol de Copacabana, él encuentra el balón, corre la banda, no pierde el centro, encara con desparpajo y chapurrea el alemán con los pies. Schuster le entiende perfectamente y el madridismo exporta sus goles. Robinho über alles.

Carlos Marañón, Diario AS

robinho real madrid

No marcó pero fue la clave del partido. Habilidoso, intuitivo, rápido y hasta corajudo. Robinho rompió el partido en el primer minuto robándole la cartera a Pablo y acabó desquiciando al Atlético en el resto de minutos que estuvo en el campo. Además se le vio centrado, entendiendo el juego colectivo, parando las contras cuando era necesario y acelerando al ver la más mínima confianza del rival. Incluso tuvo tiempo para sacar el genio con el Kun Agüero en un enfrentamiento verbal. A día de hoy es uno de los grandes logros de Schuster en el banquillo: haber encarrilado al brasileño.

Curiosamente, cuando el delantero está alcanzando la madurez y la máxima rentabilidad para su equipo, es cuando menos eco tienen sus actuaciones. Mejor para él. Tiempo para los elogios siempre habrá. Lo digo porque pese a la victoria, hubo gestos y comportamientos de otros compañeros que no estuvieron a la altura. Excesivas facilidades por las bandas a la hora de defender y ciertos toques arrogantes de Guti cuando el partido estaba ya ventilado. Otro asunto a considerar es lo bien que asume que el papel goleador les corresponde a otros. En un Madrid que fue devorado por el divismo y donde todavía existen residuos de aquella etapa, no viene mal que un chaval genial asuma su papel con humildad.

JJ Santos, Diario AS

La prensa rectifica con Robinho

Todos han ido reconociendo que Robinho es el mejor jugador del Real Madrid y está haciendo un juego terriblemente efectivo y efectista. Desde aquella famosa fiesta en Brasil nuestro crack ha metido ocho goles. A seguir así, Robson!!.

Schuster recupera al mejor Robinho

robinho real madrid

Schuster está haciendo méritos, y entre ellos destaca con luz propia haber recuperado a un futbolista que parecía perdido y que ahora es la luz que ilumina y dirige a su Madrid (con permiso de Guti). Se trata de Robinho. El brasileño, que ha estado dando tumbos desde que llegó al Real Madrid, ha alcanzado su madurez futbolística en los últimos encuentros. Desde su famosa fiesta en Río, el brasileño ha dejado de ser un jugador pasota, intrascendente para su equipo y molesto para la afición para convertirse en una referencia, en el futbolista que todos sus compañeros buscan para que desborde, en el jugador que los hinchas esperan que decante el encuentro… Schuster no le castigó con el ostracismo, le mimó y ahora está recogiendo sus frutos. Hasta ve puerta con una facilidad increíble. Parece otro futbolista, y al César lo que es del César, gran parte del mérito es de Schuster.

Juan José Anaut, Redactor Jefe de MARCA.com

Motor del Real Madrid

Robinho, a más

Fundamental el trabajo del brasileño para desestabilizar al Depor. La banda fue suya, con acciones de mérito, desbordando y poniendo balones de gol en el área. Robinho está crecido igual que el Madrid, que ahora tiene fe en que todo le va a salir bien. Y el Bernabéu confía tanto en el jugador como en el equipo blanco.

Pedro Pablo San Martín

De deshauciados a héroes

Los goles de Robinho en las últimas jornadas han sido tan decisivos como el tanto que Roberto Carlos consiguió el pasado domingo en Huelva o el trabajo y las asistencias que Beckham está aportando desde que Capello le levantó el castigo el pasado mes de febrero. Es curioso comprobar cómo los jugadores que peor trato han recibido por parte del técnico italiano a lo largo de la campaña están siendo finalmente los que le están sacando las castañas del fuego. De desahuciados, Beckham, Roberto Carlos y Robinho han pasado a convertirse en los héroes del Madrid.

Robinho ha pasado de no pintar nada a mitad de temporada –llegó a declarar que “no soy feliz y me quiero marchar. Capello no confía en mí y creo que no le gusta mi fútbol”– a ser titular en seis de los últimos siete partidos de Liga, logrando además goles tan decisivos como el 0-1 del pasado domingo. De hecho, los cinco tantos que el brasileño ha marcado en las últimas nueve jornadas han sido fundamentales.

Diario SPORT


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