Pablo Garces



Archivo de 'Liga 2006-2007'

robinho real madrid

Sigue por la prensa internacional los especiales del Real Madrid Campeón de Liga 2006-2007, con las mejores fotos, videos, declaraciones..

Robinho ya estaba con la Selección (estás más tranquilo, Dunga?) y Roberto Carlos y Beckham fueron los grandes ausentes….

Hala Madrid!!

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El embrujo de Fabio Capello, la confianza de un vestuario que arrancó la temporada como un gremio de soledades, una conjugación astral o vaya usted a saber qué hechizo devolvieron al Madrid al trono de la Liga. Lo hizo a su manera, de forma apurada, al límite de sus fuerzas, en los últimos instantes, con protagonistas inesperados como Reyes, actor secundario durante toda la temporada. Como tantos otros de sus compañeros, muchos de los cuales tuvieron su momento de éxtasis. Y la suma de todos los momentos resucitó al Madrid. A falta de otras sutilezas, el equipo fue el campeón de la fe. No se rindió jamás, ni siquiera cuando se sintió en el pozo, azotado por todos los costados, desde el banquillo, desde el palco principal y desde la coral mediática. Anoche, ante el Mallorca, tuvo que superar otra prueba exigente. Y cumplió. Sin alardes, pero con puntería. Y tras soportar que durante 65 minutos el Barça fuera campeón.

Cuarenta segundos tardó el Mallorca en mostrar sus buenas intenciones. Lo que tardó Arango en rematar contra el poste izquierdo de Casillas. Un preludio de la noche de angustias que le esperaba a los fieles de Chamartín, que acudieron con confetis a una fiesta con la que empezaron a soñar hace apenas un mes y cuya espera se había demorado cuatro años. Demasiado para la entidad más premiada del universo, para un club que de vuelta a la tierra se puso en manos de un reputado fabricante de títulos, Fabio Capello. Una transición compleja incluso para este ilusionista italiano, que a base de rectificar una y mil veces había logrado remar hasta la orilla. El Madrid estaba a un dedo de su trigésimo título, pero su trayectoria hacia presagiar algún desvelo final. Al fin y al cabo el equipo había llegado al pie del trono de forma agónica, con mucha fe, poco fútbol y varias carambolas.

Del descuento al Barça, al margen de los despropósitos azulgrana, mucho había tenido que ver Van Nistelrooy, tan liberado como el resto del vestuario tras la marcha de Ronaldo. Emigrado el brasileño, en la caseta cuajó el discurso más capellista: el compromiso innegociable, la preponderancia del colectivo por encima de ilustres violinistas. El toque de corneta de Capello iluminó a Van Nistelrooy, al contrario que Ronaldo, un ariete que precisa del grupo para despuntar. Ante el Mallorca, el holandés se rompió en el peor momento, el día clave, y cuando el equipo de Manzano se había adelantado con un gol de Varela. Del Madrid no había huellas, como en tantos otros encuentros en el Bernabéu, pero el holandés siempre había acudido al rescate. Su lesión congeló a la hinchada madridista, que se vio al borde del precipicio y cargó contra Emerson y Diarra, merecidas dianas de sus protestas durante la temporada, y se desgañitó en favor de Guti. A falta del gran goleador y con el equipo en su línea del curso —tieso con la pelota, con Cannavaro a la deriva y poco activo ante la portería adversaria— el público quería encomendarse al fútbol, al juego bien trenzado e imaginativo. Tan escuálido estaba el equipo que Michel Salgado, exiliado desde hace meses, era el más notorio. Enfrente, el Mallorca tiraba de oficio y se enganchaba a Arango, estupendo toda la noche. Como en una asistencia magnífica a Varela, al que se le escapó el remate por un milímetro.

El Madrid no encontraba antídoto. Esta vez, ni siquiera Guti, relevo de Emerson, era capaz de pegar las líneas. Y, de repente, el Madrid, por arte de magia, volvió a ser el Madrid de esta temporada, y de la chistera salió el futbolista más inesperado: Reyes. En el Manzanares fue Cassano, en Huelva, Roberto Carlos, ante el Espanyol, Higuaín… Cada día un solo diferente. Pero nadie, ni los parroquianos más optimistas, tenían a Reyes en mente. Del andaluz no había noticias ni en los entrenamientos. El destino le tenía reservado el gran día.

Robinho e Higuaín se asociaron en el costado izquierdo de la portería de Moyà y la pelota llegó a la pierna de plomo de Reyes, la derecha. Más difícil todavía: su remate embocó en la red del Mallorca. El título más cerca. A un gol. Ya no estaba Beckham, que disimuló una lesión al ser retirado. Sin el inglés el Madrid perdía opciones en el juego parado, siempre la última solución que le queda a un equipo cuando se ve desesperado y apremiado por el reloj. Pero a un córner lanzado por Higuaín llegó al remate Diarra, otro inesperado goleador. El chico que el Madrid sacó de Malí como pudo, de forma apresurada en las últimas horas. Su cabezazo fue desviado por Moyà, pero de nuevo la ruleta sonrió a Capello y su grupo. El balón rebotó en Bassinas, que escoltaba el primer poste como marca el guión convencional, y el Madrid se sintió campeón. Reyes, en su particular cabalgata, cerró el campeonato y Chamartín recuperó la sonrisa que perdió hace cuatro años.

El País

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Todo lo que hace del fútbol un espectáculo incomparable, la grandeza del juego y la locura del resultado, hicieron estremecer los cimientos de La Romareda, donde el Madrid dio un golpe de timón a la Liga con un empate ‘in extremis’ (2-2).

Se vio perdido el equipo de Capello, a remolque durante muchos minutos, pero el postrero gol de Van Nistelrooy y el capotazo de Tamudo 18 segundos después hicieron estallar las gargantas del madridismo, con Ramón Calderón a la cabeza, protagonista también en el césped, todo abrazos con su hinchada en la comunión del éxtasis.

La resolución hizo aún más grande la leyenda de este Madrid de Capello, empeñado en superar las adversidades al precio que sea. Empujó hasta el último aliento, nunca mereció perder ante un notable Zaragoza, que le maltrató en el segundo tiempo y le vio en la lona.

Con malas noticias desde Barcelona, el Madrid quemó todas las naves a base de balones colgados, orgullo herido y grandes momentos de fútbol a la antigua. Fabricó un buen puñado de oportunidades y nunca entregó la cuchara. Beckham, casi cojo del tobillo izquierdo y el iluminado Van Nistelrooy fueron los rostros reconocibles en la heroica tropa blanca.

Estaba en los escritos que el Madrid iba a sufrir en La Romareda porque el Zaragoza ha dado buenas muestras este curso de que tiene magníficos jugadores y un plan atractivo y generoso. Aimar y Diego Milito dieron tormento a los centrales blancos y dejaron una obra de arte en la segunda parte, que terminó en gol ante la falta de contundencia madridista.

Esa jugada reflejó toda la alegría de vivir del Zaragoza, previsible también en sus defectos, en esa vieja herida, la de las piernas pesadas en los últimos minutos. Se dejó llevar en ciertos momentos por el viento favorable, conforme con las noticias que le llegaban desde otros campos. Además, las sombras de Diogo y Juanfran, los potentísimos laterales ausentes, flotaron toda la noche por el césped.

También el Madrid arrancó de forma predecible, resguardado y a gusto, a la espera de un balón lanzado hacia Robinho o Van Nistelrooy. Pronto se descubrió que el brasileño tenía el punto de mira desviado y que el holandés necesitaba mayor aportación de sus volantes para oler la pelota.

Mejor pinta ofrecían Ewerthon, que se hartó de trazar diagonales y Aimar, que forzó el penalti de Helguera tras una aparición desde segunda línea. El Madrid tampoco se inmutó con el gol, confiado en sus fuerzas, con Ramos ganando metros en campo rival. Antes del descanso pudo empatar el melancólico Robinho. Un poco después César sacó una mano gloriosa tras cabezazo a bocajarro de Van Nistelrooy.

Se dio al exceso Capello en el medio tiempo y optó por Guti, su ayuda de cámara en situaciones límite. A pesar de no sacar lo mejor de su catálogo, el ‘14′ abrió el camino del empate con un balón al espacio que sólo lo puede inventar un tipo como él. Sin embargo, no orbitaba la noche en torno a su zurda y el Madrid continuó expuesto a los arreones maños. Uno de ellos, primorosamente planeado entre Aimar y Milito parecía poco menos que la sentencia.

Ni siquiera así se rindió el Madrid, una montaña de fe, sólo frenado por las manoplas y los pies de César, valentísimo en una salida ante Higuaín y casi batido ante los cabezazos fallidos de Ramos y Diarra. Rebelde ante la injusticia del resultado, el valiente arrojo blanco encontró premio un minuto antes de la bocina. Van Nistelrooy, en línea de gol, llamó a las puertas de la Bota de Oro y el madridismo, con un hincha llamado Calderón, celebró con ocho días de antelación algo parecido a la Liga.

El Mundo

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Esta vez sólo faltó el estallido agónico de felicidad. Por todo lo demás, el Madrid dio ante el Deportivo (3-1) otro paso hacia el título con el mismo ejercicio de fe del último mes, con empuje, entereza ante las adversidades y un grupo de futbolistas convencidos de todo.

Respondieron uno a uno los tipos que han sacado al equipo de las dudas. Marcaron Ramos, Van Nistelrooy y Raúl, pero fue Beckham el alma de todo con un extraordinario repertorio de balones desde la derecha.

Fue despedido con honores de héroe el inglés, quizá el peón más imprescindible en el sólido esquema de Capello. Sólo con la precisión de sus envíos encontró el Madrid soluciones en los momentos críticos. Como tras el empate de Capdevila, al comienzo de la segunda parte, cuando todo el estadio parecía abocado al sufrimiento. Un par de minutos antes había colocado en la madera un libre directo, pero con el empate mellando el ánimo del equipo, tras un córner, le dejó en la cabeza la solución a Raúl.

Estaba la tarde nerviosa y febril, con un Deportivo ardoroso y de encomiable actitud, que arrancó mordiendo en campo rival y amenazó de sus intenciones con las carreras de Cristian por la izquierda. Nunca rehuyó el choque el grupo de Caparrós, motivadísimo, sólo desquiciado por Fernández Borbalán en el gol de Ramos.

Rayaba la media hora y el Madrid todavía no había puesto en aprietos a Aouate cuando el árbitro pasó por alto una mano de Van Nistelrooy que dejó el gol a placer al central sevillano. Hasta entonces sólo podía presumir el Madrid de las fatigas que le hacía pasar Robinho a Coloccini. Fue una tarde irregular para el brasileño, pero en su cintura y sus regates tuvo su equipo los mejores argumentos durante muchos minutos.

Porque a nadie se le escapa que el Madrid no es un compendio de brillantez, pero algo tiene este equipo que parece indestructible. Por ejemplo, un capitán y un escudo llamado Raúl, que ronda el área como antaño, sin mucho acierto, pero capaz de ponerse en el sitio adecuado en el momento decisivo. Además, por ahí anda también un ‘pichichi’ como Van Nistelrooy, que ha marcado en las últimas seis jornadas, las mismas que su equipo cuenta por victorias.

Y por encima de todo, descontados los pequeños guiños de la fortuna, flota por Chamartín la determinación de los campeones. La que necesitó para obtener ventaja sólo dos minutos después del empate gallego. En la jugada que dio origen al gol de Raúl pudo marcar Beckham tras un gran contragolpe. Tiene ya el Madrid interiorizado que su mejor manera de hacer daño es con rapidez y verticalidad. Hasta Roberto Carlos aparece por sorpresa como en sus mejores días.

A pesar de todo no se rindió jamás el Deportivo, un equipo rocoso pero a años luz de la calidad con la que conquistó a toda España hace bien poco. Sólo el gol de Van Nistelrooy, gentileza de la eterna pelea de Raúl, llevó la tranquilidad a la tribuna. Chamartín sabe que quedan dos esfuerzos más. Todos parecen convencidos de que es posible.

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Por segunda semana consecutiva, el madridismo contuvo la respiración en el descuento y estalló con un gol con valor de campeonato (2-3). Esta vez fue el añejo Roberto Carlos, que apura sus últimos partidos en Chamartín, el último eslabón del éxtasis, verdugo de un voluntarioso Recreativo, inferior durante muchos minutos, pero que rozó el empate.

Se dio otra sesión de sufrimiento el Madrid en Huelva, por perdonar claras ocasiones para la sentencia, por despreciar el fútbol de un Recreativo acomplejado, pero finalmente respondón. Durante una hora reinó en el Nuevo Colombino gracias a su absoluto control en el centro del campo, con un Beckham insuperable en la precisión y ejemplar en la entrega.

Parecía una tarde tranquila para el Madrid, que ya es el mejor de la historia a domicilio. Se aplicó con la misma eficiencia de toda la temporada lejos del Bernabéu, aliñada además con las facilidades que dejaba el Recreativo. Tremendamente superior en campo rival, fue a por la ventaja montado en las bicicletas de Robinho y los envíos de Beckham.

De una asociación entre ambos nació el primer gol. Tan sobrado parecía el Madrid que Robinho no necesitó del salto para marcar con la cabeza. Sólo ocho minutos después perdonó Gago con parecida ventaja ante los defensas. El Recreativo parecía un espectro de ese equipo que maravilló en Chamartín en diciembre. Atado Cazorla en la banda derecha, sin la referencia del castigado Viqueira ni del suplente Uche, los centrales de Capello respiraban tranquilos el aire del Atlántico.

El Madrid era un torrente por la banda derecha porque Beckham parece empeñado a volar hacia California con una Liga en el equipaje. Le puso el segundo a Van Nistelrooy pero llegó antes Laquait. También perdonó Raúl tras un envío de Roberto Carlos. Casillas lo veía en pantalla panorámica desde atrás, casi recostado junto al poste. Sólo un despiste de Ramos ante Rossu le sacó del sopor.

La undécima victoria a domicilio parecía pan comido, con el balón en los pies y desborde por fuera. Redoblaron los tambores a poco de la reanudación, con el penalti de Van Nistelrooy. Tras el engaño, la pelota entró mansa y sin oposición, reflejo de la suficiencia visitante.

Tan confiado se sentía el líder que no dio importancia al fútbol del Recreativo, que ganó enteros gracias a Uche y Javi Guerrero. Gago perdió la referencia en el centro del campo, Beckham y Robinho abjuraron y sobrevoló la tragedia. Primero con un penalti al alimón de Ramos y el mediocentro argentino que bien pudieron haberse ahorrado. Gesticulaba furibundo Capello en el banco. Sin duda pensaba que lo peor estaba por llegar.

La tragedia se asomó a falta de cinco minutos en un córner, ante la mirada atónita de los madridistas, que se despedían del liderato sólo una semana después. Sin margen casi para los milagros, allá salió Higuaín en un contragolpe a la desesperada en el descuento. El resto, el pase de Gago y el toque por elevación de Roberto Carlos, pertenecen a un capítulo más de esa afortunada racha de un Madrid que huele a campeón.

Miguel Herguedas
El Mundo

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El Madrid se impuso al Espanyol (4-3) después de marcharse al descanso con un 1-3 en contra y dormirá como líder de Primera.

Gonzalo Higuaín remató la faena, repleta de coraje, a la que se encomendó el Real Madrid en la segunda parte. El argentino fabricó y remató, con asistencia de Reyes, el 4-3 en el minuto 89. Así se completó un nuevo milagro en La Castellana.

El Espanyol, con sus dos primeras jugadas de contraataque, prácticamente idénticas, se adelantó a los 26 minutos con un contundente 0-2 tras los goles de Walter Pandiani a pase de Rufete. El Madrid, que había empezado mandando y creando peligro, se venía estrepitosamente abajo. El Bernabéu cargaba contra el reaparecido Roberto Carlos, defensivamente ineficaz.

Respondió Ruud Van Nistelrooy al filo de la media hora, pero todavía al Bernabéu le faltaba la guinda del delantero uruguayo del Espanyol. En posición dudosa, tras un arranque de jugada con Moha en fuera de juego, Pandiani fusilaba por tercera vez a Iker Casillas. Roberto Carlos, de nuevo, apareció como culpable.

Con 1-3 en el descanso, Fabio Capello se dejó en la caseta a Cicinho y a Guti. Introdujo en el campo a Helguera, imprescindible para fortalecer la cobertura blanca, y a Reyes, protagonista de la remontada con un gol y el pase de la victoria.

Lo que el Madrid, con su nuevo dibujo, aportó al encuentro fue garra a toneladas. Encerró a su rival a empujones, sin pretensiones artísticas, y empató con goles de Raúl y Reyes, éste último muy protestado por el Espanyol, aunque el error más grave lo cometió Kameni con su salida desbocada.

La energía del Madrid se agotó y era el único patrimonio que había enseñado tras el descanso. El Espanyol cedió entonces la tentación de enfriar el partido, de respirar y crear algo de peligro con Luis García, sustituto de Pandiani, que forzó dos veces las intervenciones de Casillas.

Cuando el Real Madrid, extenuado, sólo podía recurrir al pelotazo y exprimir un rechace, llegó la acción final de Higuaín, la de la remontada final y el liderato provisional en Primera División. La Liga aún es posible.

El Mundo

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El partido no defraudó a las exigencias de trinchera, tensión y lucha con dos de las medulares más poderosas del campeonato aniquilándose entre sí. Capello ya decidió desde hace un tiempo morir con su ideario y prefiere el músculo intimidatorio de Diarra y Emerson que el control en corto y la profundidad de periscopio de Guti. Lo suyo es distinto, especial, la historia de un genio siempre bajo sospecha. Al chico no le perdonan que las musas y las ganas a veces sean caprichosas y se tomen el día libre.

Del choque entre los gladiadores Renato-Poulsen vs Diarra y el esplendido trabajo de Emerson quedó para el toque a rebato David Beckham, que ejerció otra vez de lanzador en largo por la ausencia de Guti en la primera mitad. Sin casi nada de juego corto y de despiste, queda el recurso a la espalda y el poderío aéreo y eso le chifla a Capello tanto como el trabajo colectivo. El italiano tendría que rectificar. El arte de Guti, el de su zurda, le daría la vuelta en media hora a un partido que pintaba bastos para los blancos. Esas cosas tiene el talento. Dos ‘naturales’ templados en largo y en corto, a lo José Tomás, metieron a un bravísimo toro en cintura como es este Sevilla de Juande Ramos.

Por el bando sevillista, casi todo el peso del ataque recayó en el extremo Puerta, un misil que hizo tragar quinina a Cicinho y, como no, al exuberante despliegue físico de ’superman’ Alvés, que amargó no sólo a Torres por su radio de acción ilimitado sino también a varios elementos más. Sostuvo un pulso con Robinho del que saltaron más que chispas entre empujones y empellones. Le sobró ansiedad a la hora de la ejecución, pero estamos ante el lateral más aguzado del momento.

El Madrid asustó en el primer acto más a balón parado en sendas faltas salidas de la hebra del inglés Beckham, además de un doble remate a puerta de Raúl y Emerson que puso el Bernabéu como una caldera. El Sevilla, que arranco valiente y con brío, respondió por el poderío de sus alas, con un Puerta enorme que se comió a Cicinho. Y al otro costado, Alvés, que en ausencia de Navas, realizó las labores de un Hércules arriba y abajo, de estajanovista a tiempo completo. La banda derecha para él solito: no le importa. Al público de Chamartín le debió recordar los tiempos de la apoteosis de Roberto Carlos, cuando desde un lateral se dominaba un partido. Eso sí, el ‘correcaminos’ no tiene aquella pegada mortal del brasileño, tampoco sus estampidas rompiendo por sorpresa. A Alves, que también aplica el juego duro, le gusta el balón al pie y que le siga el que pueda.

La remontada al soberbio empalme con la zurda de Maresca llegó de la mano de Guti, al que Capello tuvo que echar mano, como casi siempre. Sus dos regalos de gol hablan de su inteligencia innata y de su clase incuestionable. El primero, largo, soberbio y en profundidad para lanzar a Van Nistelrooy, que salvó en carrera la salida de Palop. El segundo, una obra de inteligencia, suave y medido, como un capotazo de seda que regaló a Robinho para fusilar a Palop.

El Sevilla respondió a los golpes con sendas oportunidades de Alves, pero fue Van Nistelrooy quien mató el partido con el definitivo 3-1 cuando ambos equipos estaban con uno menos. Luego llegó el 3-2, obra de Chevantón, minutos antes del final del partido.

Hay liga?.

Ángel González
El Mundo


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