robinho Robinho, acorralado

robinhoRobinho es el jugador con más talento de la plantilla del Madrid. En la cancha, esto le convierte en el más impredecible. Fuera del campo, sin embargo, su destino resultó evidente. Orillado por el núcleo duro del vestuario, que vio en él al vicario de Ronaldo, y por los directivos, que le relacionan con la herencia de Florentino Pérez, el hombre nunca se sintió completamente partícipe de las últimas dos Ligas a pesar de haber cumplido un papel fundamental en cada una de ellas. Cuando hace un mes el Chelsea le ofreció cuadriplicar su contrato -en el Madrid gana 1,7 millones de euros- no lo dudó. Resolvió hacer todo lo posible por marcharse. Ése es su objetivo primordial en estos días. No le falta originalidad. Es, junto con Makelele, el único futbolista que ha pedido dejar el Madrid en la última década. Igual que Makelele, se siente mal pagado.

Robinho sólo jugó la ida de la Supercopa. Desde que empezó la pretemporada, se ha mostrado desganado. Poco interesado en permanecer en el club. Ha evitado los entrenamientos tanto como los partidos. Se ha sentido molesto en la medida en que el Madrid nunca le valoró tanto como cuando vislumbró que su traspaso podía servir de llave para el fichaje de Cristiano Ronaldo. Sus compañeros más representativos -Raúl y Casillas-, lejos de mostrarse comprensivos, se han apresurado a acusarle de falta de profesionalidad.

La consecuencia es que el Madrid ha retratado a su principal figura como a un tipo fatuo y codicioso, cuando lo cierto es que ocupa un lugar más bien marginal en la escala salarial y posee una capacidad poco común de análisis del juego. Robinho cree que ni sus compañeros, ni los directivos, valoran su esfuerzo. En las tres temporadas que lleva en el club ha sido el tercer máximo goleador sin jugar regularmente. El mercado avala su potencial. Es el único jugador de la plantilla por el que hay una oferta de compra.

Diego Torres, en El País

Este maravilloso artículo lo escribió uno de los mejores periodistas de El País, el diario más leído de España. Ramón Calderón y su equipo se han salido con la suya, este año el Real Madrid no disfrutará de Robinho ni estará ahí para hacer de un partido normal un partido explosivo.

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Artículo de Diego Torres, magnífico periodista de El País

Entre los preparadores del Madrid circula un estudio sobre la actividad cerebral. Ciertos científicos colocaron electrodos en el cuero cabelludo de individuos infiltrados como polizones en actos sociales que les eran completamente ajenos. Simultáneamente, conectaron electrodos a los cerebros de los concurrentes que sí habían sido invitados a las mismas fiestas. La actividad eléctrica cerebral de los extraños superó en muchos hercios a la de los integrados. La necesidad de aprender códigos nuevos disparó sus ondas electromagnéticas, síntoma de un desgaste mental y físico que en condiciones prolongadas puede causar enfermedades. En el Madrid analizan el estudio en la medida en que el extraño es análogo a cualquier fichaje nuevo. Todos los recién contratados están expuestos a un desgaste físico invisible, mayor cuanto mayor es la diferencia cultural. Robinho de Souza, que llegó a España con 22 años y sufrió diversas agresiones psicológicas, lo sabe bien.

El tercer gol del Madrid, el sábado en Huelva, es un reflejo de su superación. Corría el minuto 90. Gago le devolvió una pared demasiado atrás, estiró la pierna, atrapó el balón con el talón derecho, se lo acomodó sin alterar su carrera y, en plena efervescencia, en la culminación de un partido que fue como la guerra brava, puso el broche a la velada. Pisó el área y con un toque elegante emboquilló el balón por encima del portero. Todo en un solo gesto. Todo conectado. Todo en un swing.

Aparentemente, Robinho es un hombre totalmente integrado a la disciplina madridista. Sólo para quien observa determinadas liturgias se revelan los resabios de un pasado turbulento. Hay un detalle significativo: nunca celebra los goles con Raúl. Hasta ahora, nunca buscó a Raúl para festejar. Prefirió a los brasileños, a los argentinos, a Diarra o a Guti. El chico no olvida que, cuando llegó al club, en Brasil lo conocían como O Principe. Se ganó el epíteto por sus reminiscencias con Pelé y porque poseía una velocidad y una capacidad prodigiosa para el dribling. Sin embargo, el capitán le decía que tenía que regatear menos. Raúl le sugería concreción. En la fiesta del Madrid, el maestro de ceremonias le exigía que hablara un lenguaje incomprensible. De paso, le invitaba a dejar en un segundo plano los códigos que lo convirtieron en figura.

Ante la magnitud del dilema, Robinho sufrió un caso de estrés. Se atenazó. “Yo no veo que sea para tanto”, decía un veterano español del vestuario; “no me parece un crack”.

Fue natural que buscara la protección del grupo de Brasil. Se pegó a Luxemburgo, a Roberto Carlos y a Ronaldo. Agredido como se sentía por el sector conservador del vestuario, hizo piña con sus paisanos. Durante dos años vivió peligrosamente. Asistió desolado a la liquidación de cada uno de sus colegas protectores. Primero, el técnico, Luxemburgo, como un padre futbolístico para él. Luego, Ronaldo, su ídolo. Y finalmente, Roberto Carlos, una especie de padrino. Todos cayeron bajo la ofensiva que sucedió a Florentino Pérez. El nuevo presidente, Ramón Calderón; el nuevo técnico, Fabio Capello, y el restituido jefe del vestuario, Raúl, arrasaron con todo aquello que olía a exaltación brasileña. Sólo quedaron los brasileños tímidos. Baptista, a duras penas; Emerson, sólo unos meses, y Marcelo, por pura bisoñez. Las ondas electromagnéticas del cerebro de Robinho debieron calentarle el cráneo en aquellos días. “Me siento solo”, se lamentaba. Tenía la certeza de que, si el equipo perdía, él sería el primer acusado.

Ahora, Bernd Schuster, el entrenador vigente, ha decidido que el brasileño es su número uno. Sus dos goles en Huelva ratifican su importancia dentro del equipo. “Es fundamental”, dice el alemán, que le estima más que al propio Raúl.

robinho Robben no sabe correr

Excelente artículo del diario El País explicando el motivo de las lesiones que han afectado a Robben a lo largo de toda la temporada. Ahora que nuestro Robson estará lesionado al menos diez días, Robben debe estar a la altura de las circunstancias.