Robinho, el heredero

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En Brasil aseguran que Ronaldinho ya no entusiasma como antes. La magia brasileña en la Liga corre a cargo de Robinho, un prodigio de la naturaleza por sus facultades físicas. Sus adeptos ya superan a los del azulgrana, y está en el corazón de la torcida por delante, incluso, de Kaká.

Magia. El arte de hacer aparecer y desaparecer el balón de entre las piernas de los defensores es asunto de Robinho. En la Liga no hay otro como él. Ni corriendo ni regatenado ni, claro está, haciendo ‘bicicletas’. Ronaldinho se ha quedado atrás y ya no es ni el jugador brasileño más querido por la ‘torcida’ de su país. Lo es Robinho, por su juego actual, por su alegría, por su compromiso con su selección que llevó a acudir a la Copa América mientras otros compañeros hacían vacaciones y veían por la televisión sus exhibiciones.

Y es que Robson de Souza (Robinho, São Vicente, Brasil, 25 de enero de 1984) ha cambiado. Desde el pasado verano hasta ahora su progresión es imparable, y puede medirse en minutos de juego con su club, el Real Madrid, o en goles marcados. Y es mejor jugador por lo que no puede medirse con cifras que por lo que puede medirse. Su rendimiento en cada partido que ha jugado estando a tono físicamente ha sido sobresaliente porque ya no es el jugador irregular que se quedaba embobado mirando a su compañero Ronaldo, admiración propia del que idolatra y que le llevó a mimetizar ciertos comportamientos, además de aceptar ciertas reglas para fuera del terreno de juego.

El héroe brasileño de la Copa América, en la que no estuvieron ni Ronaldinho ni Kaká, ha pasado de estar atenazado por la grandeza del Real Madrid, de Ronaldo, de Beckham… a ser útil porque coordina sus ‘bicicletas’ con goles fundamentales. Atrás quedan los tiempos grises, que cogieron el ‘Puente Aéreo’ o el AVE para desolar a Ronaldinho, el compatriota al que ha desbancado en el corazón de millones de hinchas brasileños. No hay duda de que Robinho es el sucesor.

Extraña que el ‘boom’ de Robinho en la Liga haya llegado sin el grupo en el que tanto se apoyaba -Luxemburgo, Ronaldo y Roberto Carlos-, pero el extremo ha rehabilitado su entorno con otras personas, siendo los fundamentales Bernd Schuster y Marcelo. Ya sabía que el alemán confiaba ciegamente en él, pero se lo demostró tras pasar por alto la famosa fiesta de ‘las camisinhas’, de la que volvió y cuando muchos apostaban por un castigo fue titular y se lució. “Schuster es un entrenador que me ha dado tranquilidad, y así juego mejor”, ha reconocido el delantero.

Si el apoyo profesional se lo da el entrenador, el humano lo tiene gracias a Marcelo, el joven defensa que a distancia parece un gemelo suyo por el parecido físico que mantienen ambos. Con el lateral se divierte, pero también cuando busca un hombro sobre el que llorar alguna pena ahí está el de su gran amigo. Lo habitual en el vestuario y en las concentraciones es verles juntos, como en el autocar en el que el viaja el equipo. En estos desplazamientos ambos mantienen una manía: siempre se sientan en las mismas butacas, las de la tercera fila, y con Robinho pegado a la ventanilla y Marcelo al lado del pasillo.

En este Real Madrid irregular del bravucón Schuster, Robinho es una pieza salvadora de puntos, al nivel de Iker Casillas y Ruud Van Nistelrooy. Las tres piezas que sostienen a los merengues en la Liga son ellos, con alguna aparición estelar esporádica de Guti. Si el ariete holandés es decisivo por su número de goles, el brasileño no le va a la zaga en aciertos, pero con el importante matiz a su favor de que es un buen asistente, además de que en varios partidos ha encontrado el gol en momentos trascendentales que han dado al equipo puntos que parecían imposibles de conseguir. Es por ello por lo que Ramón Calderón sopesa retocar al alza su contrato, “lo que para mí es muy importante porque espero estar aquí hasta los 35 años, pero este tema lo resolverá mi representante junto a mi padre”, afirma el jugador de 24 años.

De lo que no hay duda es de que Robinho es el mejor jugador de campo que tiene en su plantilla el Real Madrid en estos momentos, y que sin él el liderato de la Liga no existiría. Su fichaje en el verano de 2005 no hacía presagiar una consolidación dentro de la plantilla como la actual. Aquella inversión de Florentino Pérez, de 24 millones de euros, fue una apuesta por un joven que en el Santos se había ganado el apodo de ‘O Principe’, en recuerdo nostálgio de ‘O Rei’ (Pelé), pero que había que comprobar su adaptación a Europa.

Para gente del propio club, el Real Madrid se empecinó en la contratación de Robinho luchando a brazo partido con otros equipos, como el Benfica, porque en los despachos aún se recordaba el ‘affaire’ Kaká, jugador que fue ofrecido antes al club español que al Milan y cuyo fichaje no se acometió. Por ello, para prevenir que se repitiera la historia, el presidente Pérez accedió a llegar hasta esos 24 millones que se abonaron.

Este Madrid 07-08 vuelve a disfrutar de un delantero alegre cuyo rendimiento ha hecho ‘una uve’ desde que aterrizó en Madrid por sus diferentes estados de ánimo: máxima ilusión por su fichaje; desencanto durante la primera época con Capello (“juego más cómodo ahora que cuando estaba Capello”); y, ahora, euforia (“me encuentro en un gran estado de forma, pero sé que aún puedo mejorar”). Por su carácter, Robinho posee un perfil favorable para adaptarse.

Es extrovertido, con una sonrisa conquistadora, y a los primeros que conquistó fue a los ‘caza-autógrafos’, ya que el suyo era especial, casi una caricatura. El brasileño firmaba con una erre mayúscula gigante a la que la ponía una sonrisa, unas cejas y una boca. Sin duda, un autógrafo impactante que requería imaginación y ganas de agradar, lo contrario de lo que hacen muchos cracks, que dejan su garabato de cualquiera manera ante la mirada incrédula del aficionado de turno.

Pese a que para una gran parte de sus compatriotas Ronaldinho no da ya la talla de súper-héroe y Kaká ofrece un fútbol menos vistoso que el suyo, Robinho no vive en una nube y siempre recuerda lo que en el vestuario le dice Fabio Cannavaro, Balón de Oro 2006. “Él me dice que si quiero ganar yo el Balón de Oro, primero tengo que darle a él una Champions, y a partir de ahí podré luchar por ese trofeo”. Sabio consejo el del veterano.

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