Hay algunos aspectos que diferencian a Bernd Schuster de Fabio Capello. Por supuesto, el italiano ha ganado muchos más títulos que el alemán. Pero en el Real Madrid, por fortuna, todavía se tienen en cuenta aspectos como la estética, la emoción, el gusto por el fútbol ofensivo y la adoración por jugadores diferentes.
Es el caso de Robinho, un artista, un verso suelto que ha encontrado con el actual entrenador del Madrid y su equipo técnico el caldo de cultivo adecuado para desarrollar su personalidad futbolística y todo el talento que derrama desde que sorprendía a la afición de Vila Belmiro con la camiseta del Santos. Robinho es feliz, marca diferencias y, por tanto, el Madrid también disfruta con uno de los grandes ‘cracks’ de la década.
“Te quieren traspasar a final de año, así que espabila. Eres un futbolista diferente y tienes que demostrarlo”. Schuster ha mantenido varias charlas con un delantero al que considera imprescindible. Más que nada porque es el único que le ofrece desborde y regate en una plantilla más plana de lo que marca su actual situación en la tabla, líder y con el Villarreal como única gran alternativa por el momento. Y ante el peligro de quedarse sin él, Bernardo decidió entrar en el mundo de Robinho, darle confianza y asegurarle que el Bernabéu tenía que rendirse a sus pies.
Al alemán le dijeron en agosto que se podía traspasar a Robinho y dijo que no. Tras la fiesta en Brasil, la que convirtió a Robinho en un mito sexual porque según las malas lenguas había llegado a pedir hasta 40 preservativos, se le recordó que el Milan había hecho una oferta por 25 millones de euros y que si el jugador no reaccionaba, sería traspasado, sí o sí, en junio. Schuster calló, se reunió con el jugador de nuevo y le recordó algo obvio. “Eres un jugador decisivo. Demuéstralo”.
Desde entonces, la complicidad entre técnico y jugador es absoluta. Robinho ha respondido con actuaciones portentosas. No sólo con los dos goles al Olympiacos o los otros dos que le hizo al Mallorca en una tarde inmensa, digna de un candidato firme al Balón de Oro o el FIFA World Player, sino con una regularidad en su rendimiento que hasta ahora se había limitado a geniales apariciones. Las buenas palabras, el hecho de sentirse importante han generado una complicidad ganadora.
Un gesto significativo marcó el broche a la exhibición del domingo. Robinho dedicó su gol de cabeza, el primero de la tarde, a Manolo Ruiz, el segundo entrenador del equipo, el fiel ayudante de Schuster. Lo hizo gritando. “Milagro, milagro”. Ni sus propios compañeros entendieron a qué se refería.
Durante largas sesiones de entrenamiento, Ruiz había picado al brasileño por su falta de decisión en el juego aéreo: “Mira, Robinho, en los corneres o en las faltas tú apártate, porque no vas a ayudar en nada. No es lo tuyo ir por arriba. Sería un milagro que marcaras de cabeza”. El pique funcionó. El brasileño ya ha marcado dos goles elevándose por encima de sus marcadores, dos milagros para confirmar que es cada vez más completo, concreto y práctico. A Robinho le han liberado de funciones defensivas. Por supuesto, sigue ayudando en esas tareas, pero nadie le pide que se obsesione con una labor que para él debe ser secundaria: “Antes le echaban una bronca cada vez que arriesgaba y perdía un balón. Ahora se le pide que arriesgue si está en zonas adelantadas. Que encare y se atreva. Y si falla que vuelva a intentarlo. Eso le hace feliz, le da confianza y los resultados están a la vista”, comenta uno de sus compañeros, alucinado con un jugador que ya no quiere adornarse, sino ayudar, que ha madurado gracias a los consejos técnicos de unos entrenadores que le miman porque se lo merece.
Las obligaciones defensivas y las continuas suplencias entorpecieron la progresión de Robinho bajo la dictadura de Capello. En el nuevo régimen se ha ganado la libertad. Y de paso es más concreto. Ya ha marcado seis goles, ha firmado dos dobletes y comienza a parecerse a ese Robinho que llegó a marcar 21 goles en el año 2004 con la camiseta del Santos.
Escorado en la izquierda, ha encontrado la fórmula para perfilarse y rematar o para encontrar al receptor de un pase ganador. Cuando se recupere el zurdo Robben quizás se mantenga Robinho en la izquierda y los extremos jueguen a pierna cambiada. Es una idea. De momento, se ha marchado de nuevo a Brasil con su selección. El club le ha sacado los billetes de vuelta. Se irá de fiesta, pero no volverá tarde.
El Mundo